Después de decenas de flotillas, el protocolo es conocido: transmisiones en vivo durante la previsible interceptación de las embarcaciones, mensajes grabados para el momento en que sean “secuestrados por la entidad sionista”, cobertura de medios internacionales que amplifican la escena, y reacciones de grupos palestinos y propalestinos con condenas y llamados a la comunidad internacional.
Misión cumplida
“El 30 de abril Israel detuvo a unos 175 activistas tras abordar la Global Sumud Flotilla en aguas internacionales en el Mediterráneo”, han anunciado medios en todo el mundo.
¿Cómo no calificarlo de éxito? La misión no es llevar ayuda humanitaria, sino que se viralice en redes, grabando reels de alta calidad sobre su travesía, llevando camisetas con un mapa de Palestina que reemplaza a Israel, y consignas como “Palestina libre desde el río hasta el mar”.
Humanitarismo selectivo
El panorama global de conflictos y sus crudas realidades, que revelan organismos como Human Rights Watch, International Crisis Group y el Global Humanitarian Overview, no parecen merecer una flotilla.
La guerra civil en Sudán es la peor catástrofe humanitaria actual. Las minorías no árabes están siendo masacradas; se estima que hay al menos 150 mil muertos desde 2023 y que 16 millones de personas habrán sido desplazadas para el 2026. La violencia sexual generalizada contra mujeres y niñas de estas minorías es devastadora.
En Nigeria, grupos yihadistas ejercen la mayor parte de la violencia letal contra cristianos a nivel global: hay cerca de 12 millones de cristianos desplazados. No se sabe con exactitud cuántos han sido asesinados desde 2009, pero superarían las 100 mil personas, sumado a miles de iglesias quemadas.
Irán parece no existir. Un régimen que asesina a civiles hace décadas y exporta el terrorismo a todo el mundo a través de Hamás y Hezbolá, entre otros.
En Myanmar, tras el golpe de Estado de 2021, los Rohinyás están siendo atacados. En Siria, minorías como los alauitas y los drusos está sufriendo la persecución y asesinato.
Pero Gaza, Gaza en cambio ofrece la plataforma perfecta para el marketing político, incluso cuando los propios gazatíes enfrentan el infierno interno de vivir bajo el control de Hamás.
A Gaza los pasajes
Como “no se pueden dar todas las batallas”, la Global Sumud Flotilla ha vuelto a elegir la Franja para “desafiar el bloqueo israelí, entregar ayuda y visibilizar la crisis en el territorio”.
Pero antes del zarpe, el escenario, el guion y la claqueta ya estaban listos. Desde los preparativos de los “valientes voluntarios” de distintos lugares del mundo hacia España y la partida desde el Mediterráneo, hasta los despachos desde las naves por redes sociales, insistiendo en los términos del libreto: “bloqueo”, “apartheid”, “genocidio”, “sionismo”, “limpieza étnica”, “colonialismo”, y un largo etcétera, hasta el preciso y esperado momento en que son interceptados: una colisión de alto impacto que confirma que: “Israel debe desaparecer”.
La conexión chilena
Así como el mundo atraviesa por distintas crisis, en Chile están los resabios del mega-incendio de la Región de Valparaíso, que en 2024 cobró la vida de 135 personas y afectó 8 mil hogares. De aquellos con daño mayor, hoy solo el 35% al 40% cuenta con un proyecto de reconstrucción en marcha. Esto además de incendios más recientes en el sur del país, con impacto en la vida de miles de familias.
Pero los integrantes de la delegación chilena de la flotilla no han puesto un pie allí, o al menos no lo han mostrado en sus redes sociales. No se trata de chilenos solidarizando con otros chilenos, ni de trabajadores humanitarios con trayectoria en zonas de catástrofe, sino de figuras asociadas a crisis políticas y al “estallido social” de 2019, la mayor crisis social desde el retorno a la democracia en 1990.
Lo que comenzó como una crítica legítima al sistema derivó en protestas, actos de vandalismo y destrucción que provocaron daños significativos a la infraestructura pública, estaciones de metro y locales comerciales. Hoteles, restaurantes y negocios del centro de Santiago quebraron.
La interseccionalidad en el contexto chileno configura un fenómeno sociopolítico único, donde la identidad de la diáspora palestina más grande fuera del mundo árabe -estimada en más de 400 mil personas- converge con las estructuras del activismo de izquierda local.
Ello define a los participantes.
Víctor Chanfreau, por ejemplo, fue un dirigente estudiantil que alcanzó notoriedad por impulsar el boicot a las pruebas de acceso a la educación superior en Chile, afectando a miles de estudiantes que no pudieron ingresar a la educación superior.
En 2019, participó en la convocatoria de las “evasiones” contra el alza del precio del metro, movilizaciones que poco después derivaron en el estallido social. A su término encaró a quienes lograron sellar un acuerdo para terminar con la violencia: “Nos engañaron, traidores”, exhibiendo un categórico desprecio por la democracia.
Cuando se anunció que Israel había detenido a unos 175 activistas de la flotilla, él ya estaba transmitiendo en directo. Grabó un live en el momento exacto de la interceptación, desde el ángulo perfecto, en la oscuridad y con las luces apuntando a los rostros de los “voluntarios”. “Israel nos está emboscando en estos momentos, nos han rodeado y están amenazando con secuestro y actos de violencia. Les rogamos que nos ayuden. Así opera el estado criminal de Israel, llevando a cabo un genocidio en Palestina. Palestina libre desde el río hasta el mar”, dijo durante el registro.
Macarena Chahuán ha reconocido en redes sociales que la misión no busca llevar ayuda: “Si bien no vamos a llegar con la ayuda humanitaria, hay miles de personas que están comprometidas con Palestina”. Su deportación en 2025 es casi una garantía de que esto volverá a ocurrir. Prueba de ello es la grabación que dejó preparada para ser difundida en caso de ser detenida: “Si están viendo este video es porque las fuerzas de ocupación israelí acaban de secuestrarme. Mi secuestro demuestra una vez más hasta dónde está dispuesto a llegar Israel y sus aliados para mantener el genocidio, la opresión y el apartheid”.
La cuenta de la delegación chilena informó que “la única secuestrada de la delegación chilena fue Macarena Chahuán”. No es nuevo, lo sabían. Ese fue el plan todo el tiempo. Hoy es la máxima figura de la delegación chilena.
Dauno Tótoro es un dirigente del movimiento de izquierda radical “Partido de Trabajadores Revolucionarios”. Durante el Estallido Social en Chile de 2019 estuvo a favor de la violencia. Dijo públicamente que esperaba la “caída de Piñera”, lo que le valió una demanda por “incitación a la subversión” por parte del Estado.
Impacto viral
La flotilla no es lo que dice. No busca “romper el bloqueo naval israelí sobre la Franja de Gaza para entregar ayuda humanitaria urgente” como dice su misión. No hay coordinación con agencias internacionales como la Cruz Roja y, por lo tanto, la “carga” no llegará a su destino (a diferencia de lo que ha planteado la versión terrestre que llegará vía Rafah). Sin embargo, genera una alerta de socorro “estilo Hollywood” que redunda en una nueva ola de cuestionamientos internacionales contra Israel.
Todo estaba en el guion: desde la primera reunión hasta qué declaraciones harían los movimientos y comunidades propalestinos en el preciso momento en que la flotilla fuera abordada.
El uso de la crisis humanitaria como plataforma para la difusión de consignas como “Palestina libre desde el río hasta el mar”, “el ente sionista” o “el Estado colonial y ocupante”, sumado al interés de proyectarse como influencers globales, solo puede ser catalogado como oportunismo.
Hoy, 30 de abril, el plan ya es todo un éxito: naciones, medios de comunicación y líderes internacionales condenan a Israel. En Chile, la Cancillería se ha contactado con su embajada en Israel y citó al representante de dicho país en Chile por el caso de Macarena Chahuán.
No ayudaron a nadie, no entregaron alimentos, pero inundaron las pantallas del mundo en HD.
Gaza, así como Nigeria, Sudan, Irán y Myanmar, sigue igual, mientras los “voluntarios” tocan las estrellas.