Latinoamérica
Como bien dijo Victor Klemperer, las palabras pueden ser pequeñas dosis de arsénico. Se tragan sin darse cuenta, parecen no surtir efecto alguno, y al cabo de un tiempo el veneno actúa,
Las dos naciones acordaron celebrar “un diálogo político bilateral”, según declaró el ministro de Asuntos Exteriores de Israel.
Danny Danon, embajador de Israel ante las Naciones Unidas, condenó rápidamente las declaraciones del presidente colombiano, acusándolo de distorsionar la historia del Holocausto y de utilizar comparaciones con el nazismo con fines políticos.
La reacción se produce tras la condena previa de la retórica incendiaria por parte del Ministerio de Asuntos Exteriores israelí, junto con destacadas organizaciones judías estadounidenses.
La designación apunta a ampliar la participación de América Latina en los debates internacionales sobre memoria, educación, judeofobia y derechos humanos.
La elección del 21 de junio es un voto sobre qué tipo de presencia quiere tener Latinoamérica en la geopolítica contemporánea y si Colombia desea seguir siendo representada ante el mundo por un gobierno que convoca a Hitler para ganar votos.
El Ministerio de Asuntos Exteriores israelí condena la retórica incendiaria como “una pérdida total de la brújula moral”.
“La verdad no basta, y Argentina ha dejado de fingir que lo hace”, dijo el enviado Alejandro Oxenford, refiriéndose al ataque de Hezbolá en 1994 que causó la muerte de 85 personas.
El acuerdo es la señal más reciente del fortalecimiento de las relaciones entre los países.
Fuentes comunitarias y analistas jurídicos locales han recibido la noticia con cautela.
Para la audiencia internacional -y en particular para quienes siguen de cerca la proyección exterior del gobierno Petro- estas elecciones tienen una dimensión que no puede ignorarse.
El líder sudamericano recibe a funcionarios de Estados Unidos mientras su país ocupa la presidencia rotativa de la Alianza Internacional para la Memoria del Holocausto.