Al asumir la presidencia de la Alianza Internacional para la Memoria del Holocausto (IHRA, por sus siglas en inglés), Argentina se convirtió en el primer país de América Latina en encabezar este organismo intergubernamental, que reúne a 35 Estados y se dedica a la educación, la investigación y la conmemoración del Holocausto.
Un plenario con foco en la historia local y el antisemitismo
En palabras de Ariel Gelblung,director del Centro Simon Wiesenthal para América Latina (CSW): “Se trató de un encuentro extraordinario que comenzó el domingo 31 con una conferencia preliminar organizada por el CSW, centrada en los 10 años de la definición de antisemitismo de la IHRA y su especial impacto en la sociedad argentina”.
El presidente Javier Milei, uno de los impulsores de que Argentina se pusiera a la cabeza de la IHRA, participó en dicho Plenario, reafirmando el compromiso de su gobierno con el combate contra el antisemitismo.
“No se trata de defender a un pueblo, sino de defender la moral que está en la base de nuestra civilización, porque el rechazo a estos valores ha alimentado el odio al judío”.
Junto con destacar el aporte de la comunidad judía más grande de la región, recordó que el país recibió en el pasado a criminales de guerra nazis, por lo cual la Cancillería fue instruida a facilitar el acceso a documentos y expedientes que permitan “la victoria de la verdad sobre el silencio”.
En esta línea, se podrá avanzar en la investigación del CSW sobre la “Ruta de las Ratas”, utilizada por los nazis para llegar a Latinoamérica.
La IHRA y la definición de antisemitismo
Existen dos formas de acercarse a la IHRA: la primera es ser país miembro, como es el caso de Argentina (el único en América Latina). La segunda es adherir a la definición que establece que: “El antisemitismo es una cierta percepción de los judíos que puede expresarse como el odio hacia los judíos. Sus manifestaciones físicas y retóricas se dirigen a personas judías o no judías y/o a sus bienes, a las instituciones de las comunidades judías y a sus lugares de culto”.
Esta definición, aunque no es vinculante, se ha transformado en una referencia para gobiernos, organismos judiciales, universidades y organizaciones civiles para identificar prejuicios contra los judíos.
Gelblung, que además es delegado y experto de la IHRA por Argentina desde el año 2020, puntualiza que el CSW tiene un rol vital para apoyar la aplicación de esta definición: “Nos acercamos a las organizaciones, nos reunimos con ellas y les explicamos por qué es importante este trabajo, dado el momento que estamos viviendo. Básicamente, les brindamos un estándar que les permite resolver problemas”.
En esta tarea, se ha logrado que Argentina sea uno de los países con mayor nivel de implementación institucional de la definición en la región, promoviendo la adhesión de los tres poderes del Estado, universidades, gobiernos provinciales y entidades de la sociedad civil, consolidándose como una política de Estado transversal que trasciende administraciones y orientaciones ideológicas. A nivel internacional, el Parlatino y el Parlasur, junto con Panamá, Uruguay, Guatemala, Colombia y Costa Rica, han seguido este camino.
Una historia de compromiso y puente con América Latina
Argentina pasó de ser el único miembro de la IHRA en Latinoamérica a convertirse en el primer país de la región en liderar este organismo internacional.
La candidatura argentina fue aprobada por unanimidad en diciembre de 2024 y la presidencia comenzó formalmente en 2026. La administración de Milei designó a Marcelo Mindlin, presidente del Museo del Holocausto de Buenos Aires, para encabezarla en coordinación con la Cancillería. En ese momento, el gobierno de Estados Unidos felicitó la designación a través del secretario de Estado Marco Rubio: “Elogiamos el compromiso del presidente Milei con la difusión de la verdad y el homenaje a los sobrevivientes”.
Durante el acto oficial de traspaso de mando realizado en el Palacio San Martín (2026), Mindlin destacó que: “Todos los gobiernos desde la recuperación de la democracia han coincidido en la necesidad de desarrollar políticas de educación y memoria sobre el Holocausto y esta presidencia pretende abrir nuevas conversaciones para que sea lo más global posible”.
El dirigente también vinculó la lucha contra el antisemitismo con los desafíos contemporáneos de las democracias occidentales, recordando tanto los atentados terroristas sufridos en Argentina como la marcada judeofobia de la última dictadura militar.
Asimismo, dio a conocer los cuatro pilares de 2026: acercar la IHRA a los gobiernos de América Latina, profundizar el análisis documental sobre la posguerra, impulsar material pedagógico en español y adaptar los debates sobre memoria a contextos no europeos.
Limitaciones y fracturas en el escenario latinoamericano
Aunque Argentina busca ser un puente con América Latina, la tarea no es sencilla. A diferencia de Europa, donde más de la mitad de los países de la Unión Europea integran la IHRA o participan como observadores, Argentina es el único miembro pleno en América Latina.
El rezago regional es notable: Brasil se retiró como observador en 2025, mientras que Chile y Colombia mantienen distancia debido a debates sobre la supuesta instrumentalización política de la definición, pese a que la IHRA aclara expresamente que “las críticas contra Israel, similares a las dirigidas contra cualquier otro país, no pueden considerarse antisemitismo”.
El desafío, entonces, es invitar a los países a sumarse como miembros o a adoptar la definición de antisemitismo. Como resume Gelblung: “La definición es una herramienta para proteger a los ciudadanos, evitando que sufran agresiones por parte de quienes importan conflictos internacionales a la vida local”.
Una tarea marcada por el contexto internacional
En un contexto marcado por el aumento global de la judeofobia, la presidencia argentina abre una oportunidad para impulsar un debate más amplio sobre memoria y prevención del odio. Asimismo, ofrece a los países de la región la posibilidad de incorporar las enseñanzas del Holocausto para fortalecer la convivencia democrática.