Un universo alternativo

La guerra de Hamás contra la civilización gira en torno a su guerra contra la mente occidental e israelí.

Abu Obeida, Hamas
A Palestinian man watch a speech by the spokesman of the Qassam Brigades, known as Abu Obeida, in the West Bank city of Nablus. on Jan. 19, 2025. Photo by Nasser Ishtayeh/Flash90,
Melanie Phillips
Melanie Phillips Melanie Phillips
Melanie Phillips, periodista, locutora y autora británica, escribe una columna semanal para JNS. Actualmente es columnista en The Times of London. Su nuevo libro, The Builder’s Stone: How Jews and Christians Built the West and Why Only They Can Save It, ha sido publicado por Wicked Son y puede adquirirse en Amazon. Para acceder a su trabajo, visite: melaniephillips.substack.com.

La eliminación por parte de Israel el pasado fin de semana de Abu Obeida, el portavoz del brazo militar del movimiento Hamás, fue un acontecimiento mucho más significativo de lo que muchos pensaron en un principio.

Abu Obeida no era un mero jefe de propaganda. Según Doron Kadosh, corresponsal militar de la Radio del Ejército de Israel, este cerebro terrorista clave había construido un aparato de propaganda y guerra psicológica formado por no menos de 1.500 operativos.

Cada brigada y división de Hamás contaba con uno de sus altos representantes para supervisar las actividades de propaganda, y un “centro de mando de propaganda” con editores de vídeo producía vídeos propagandísticos.

Y lo que es aún más sorprendente, dijo Kadosh, ninguna acción militar de Hamás en los últimos años había tenido lugar sin un protocolo de combate estructurado y la aprobación de los planes de propaganda de Abu Obaida.

Había desarrollado un plan de guerra psicológica para impedir que las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) entrasen en la Ciudad de Gaza, centrándose en cómo detener tanques y vehículos blindados de transporte de tropas mediante operaciones psicológicas y de influencia dirigidas contra el Gobierno israelí. “Planeaba hacerlo mediante operaciones de terror psicológico con rehenes”, manifestó Kadosh.

Abu Obeida era un jugador clave en la guerra de Hamás contra Israel porque la manipulación de la mente israelí y occidental mediante la propaganda y las operaciones psicológicas es un arma fundamental contra el Estado judío.

Las afirmaciones de que Israel está cometiendo un genocidio en Gaza y haciendo pasar hambre a sus civiles son un elemento esencial de esa manipulación.

Estas afirmaciones son, por supuesto, totalmente ridículas. Israel ha permitido la entrada en Gaza de más de 2 millones de toneladas de alimentos.

Incluso según las cifras distorsionadas de víctimas de Hamás, los 65.000 gazatíes que se dice que han muerto en esta guerra de autodefensa de un total estimado de 2,1 millones no se acerca en absoluto a la definición de genocidio de la Convención sobre el Genocidio como “actos cometidos con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso.”

Esta grotesca inversión al acusar a Israel de genocidio ha sido desplegada durante décadas por los árabes palestinos como una forma de deslegitimar a Israel y obtener así apoyo internacional para su destrucción.Melanie Phillips

Sin embargo, los titulares de los medios de comunicación occidentales gritaban el pasado lunes que una resolución aprobada por el 86% de la Asociación Internacional de Estudiosos del Genocidio (IAGS, por sus siglas en inglés) declaraba que las acciones de Israel en Gaza cumplían la definición legal de genocidio.

Melanie O’Brien, presidenta de la IAGS y profesora de Derecho Internacional en la Universidad de Australia Occidental, dijo que la resolución era “una declaración definitiva de expertos en el campo de los estudios sobre genocidio de que lo que está ocurriendo sobre el terreno en Gaza es un genocidio”.

Pero solo el 28% de los miembros participaron en esa votación. Según una miembro disidente de este órgano, Sara Brown, entre las supuestas fuentes “expertas” citadas en apoyo de la resolución figuraban organizaciones e individuos virulentamente antiisraelíes.

Entre ellas figuraban Amnistía Internacional (que reformuló la definición internacional de genocidio para apoyar sus denuncias contra Israel) y Francesca Albanese, relatora especial de la ONU, Relatora Especial de la ONU sobre los Territorios Palestinos Ocupados, a quien el Departamento de Estado de Estados Unidos condenó en junio por “antisemitismo descarado, apoyo expreso al terrorismo y abierto desprecio por Estados Unidos, Israel y Occidente”.

Los argumentos de los académicos eran extremadamente endebles. Cometieron la torpeza de afirmar que la Corte Internacional de Justicia (CIJ) había dicho que existía una demanda “plausible” de genocidio en Gaza, lo que es descaradamente falso. El tribunal había expresado, en cambio, que los palestinos tenían “plausiblemente” derecho a la protección en virtud de la Convención sobre el Genocidio.

Los académicos de la IAGS habían asumido absurdamente que ningún combatiente había resultado herido en la guerra. Habían ignorado las medidas sin precedentes adoptadas por Israel para evitar víctimas civiles siempre que fuera posible. Habían ignorado el modo en que Hamás había incrustado profundamente su infraestructura militar entre la población civil de Gaza. Y estaban acusando falsamente a Israel del mismo crimen del que era víctima.

Esta grotesca inversión al acusar a Israel de genocidio ha sido desplegada durante décadas por los árabes palestinos como una forma de deslegitimar a Israel y así obtener apoyo internacional para su destrucción.

Es una táctica de operaciones psicológicas sacada directamente del viejo libro de jugadas soviético: acusar falsamente a tus víctimas del crimen que estás cometiendo contra ellas, lo que te permite afirmar que tus propios actos asesinos son una resistencia justificada contra la agresión ficticia de tus víctimas.

Hamás despliega sin piedad esta táctica para ocultar su propio comportamiento genocida real, que proclama sin pudor, pero que se deja de lado porque el término “genocidio” se utiliza para demonizar el intento de Israel de defenderse.

Esta táctica infernal se ha intensificado durante la guerra actual porque Hamás y su patrocinador iraní han comprendido que Occidente ya no tiene los medios intelectuales para reconocer como mentira la acusación de genocidio contra Israel.

La razón es la ortodoxia prevaleciente de que no existe la verdad absoluta, solo narrativas dominantes. Estas sólo se permiten a los grupos de los que se dice que son víctimas oprimidas e impotentes.

Los judíos son considerados poderosos, por lo que no se les permite ninguna narrativa dominante. Y hay una determinación de negar a los judíos su experiencia histórica única como víctimas con el fin de inflar ese estatus para los autodenominados grupos minoritarios sin poder de hoy en día.

Este proceso de relativización ha corrompido la conmemoración del Holocausto y la educación, gran parte de la cual sostiene ahora que ha habido muchos Holocaustos y que no hubo nada especial en los judíos como víctimas de los nazis.

Se ha negado la característica clave del Holocausto nazi: la intención de exterminar no solo a los judíos como personas, sino como pueblo, y borrarlos de la faz de la tierra. En su lugar, el Holocausto ha pasado a significar simplemente el asesinato intencionado de mucha gente.

Lo mismo ha ocurrido con genocidio, el término inventado por el jurista Raphael Lemkin tras la Segunda Guerra Mundial para describir la erradicación intencionada de todo un pueblo.

Los antisionistas de hoy han cambiado esta definición para abarcar la ocupación, la soberanía israelí o incluso el propio sionismo.

En una notable serie de publicaciones en X, Adam Louis-Klein, un estudiante de doctorado en antropología que investiga el antisemitismo, el sionismo y el pueblo judío, ha destrozado el pensamiento predominante de los académicos en los “estudios sobre el genocidio”.

Argumentan abiertamente, escribe, que la definición legal de genocidio debe ser descartada, ampliada o reinterpretada, porque saben que no se aplica a Israel y pretenden convertirla en un arma para usar solo contra el Estado judío.

Louis-Klein cita a Dirk Moses, editor del Journal of Genocide Research, quien ha argumentado que cuando los actores no estatales cometen lo que él llama “genocidio subalterno [de rango inferior]” no están cometiendo un crimen sino participando en un acto de resistencia necesario y justificado. En otras palabras, el genocidio desde la dirección correcta es justo.

Moses ha argumentado que la distinción entre guerra y genocidio es irrelevante porque la motivación no es importante. "¿Qué les importa a los civiles si son asesinados por la violencia con intención genocida o militar?”, escribió.

Este razonamiento está moralmente en bancarrota. Sin intención, no puede haber distinción moral entre el bien y el mal, el agresor y la víctima. La ausencia de intención permite culpar a quienes se defienden del genocidio de matar a sus atacantes, precisamente la obscena inversión que los estudiosos del genocidio han logrado con Israel y Hamás.

Como ha observado Louis-Klein, el genocidio no se ha utilizado para prevenir atrocidades, sino para autorizarlas.

Estos estudiosos del genocidio no tienen más autoridad intelectual que un grupo de vendedores de aceite de serpiente; de hecho, bastante menos, ya que cualquiera puede unirse a la IAGS por una cuota que puede ser tan baja como 30 dólares y sin que se comprueben sus antecedentes. Entre sus miembros hay activistas de derechos humanos, estudiantes, políticos, artistas y demás.

Ningún medio de comunicación de los que publicaron a bombo y platillo titulares como “estudiosos del genocidio dicen que Israel es culpable de genocidio” se molestó en comprobar la credibilidad de estos destacados estudiosos y de sus afirmaciones.

Es la misma razón por la que se tragan con avidez las mentiras venenosas de los periodistas terroristas de Al Jazeera, o de los funcionarios de la ONU comprometidos con Hamás, o del Ministerio de Salud de Hamás en Gaza. Quieren creer la narrativa de israelíes asesinos y víctimas palestinas inocentes.

El resultado es un universo informativo alternativo de noticias falsas, periodistas falsos, hambruna falsa, genocidio falso y eruditos del genocidio falsos, todos impulsando la narrativa de palestinos falsos y crímenes de guerra israelíes falsos, para crear un Estado palestino falso que destruya a Israel, el verdadero Estado nación del verdadero pueblo judío y el bastión solitario de la verdad en un mundo de mentiras.

© JNS