La mirada del mundo volvió a elevarse hacia el cielo. El programa Artemis de la NASA no es simplemente una repetición de las misiones Apolo; es el paso previo para establecer una presencia humana sostenible en el espacio. Como bien señaló el presidente de Israel, Isaac Herzog, durante una reciente conferencia espacial: “Israel, a pesar de su pequeño tamaño, es un pionero mundial en el campo del espacio. Esta vanguardia es absolutamente crítica para la seguridad, prosperidad y el liderazgo científico de Israel en el mundo”.
En la misión Artemis II, la primera que lleva una tripulación humana a orbitar nuestro satélite natural, el Estado de Israel estuvo a bordo. No en forma de una bandera solitaria, sino en el tejido mismo de la seguridad de los astronautas.
En el espacio profundo
El mayor desafío para la permanencia prolongada del ser humano en el espacio no es la falta de oxígeno o la gravedad cero, sino la radiación cósmica. Fuera de la protección del campo magnético terrestre, los astronautas están expuestos a partículas solares cargadas que pueden causar daños irreparables en los tejidos humanos y desarrollar enfermedades graves a largo plazo.
La empresa israelí StemRad, con sede en Tel Aviv, desarrolló el chaleco AstroRad. Esta pieza de ingeniería, creada en colaboración con la Agencia Espacial de Israel y Lockheed Martin, fue parte de la misión Artemis I (no tripulada). En aquel viaje, dos maniquíes llamados Helga y Zohar (un nombre profundamente ligado a nuestra tradición y luz) fueron expuestos a la radiación. Zohar vestía el chaleco israelí; Helga no.
Los resultados preliminares confirmaron lo que muchos científicos ya sospechaban: la tecnología de protección selectiva de Israel funciona. El chaleco no intenta cubrir todo el cuerpo de manera uniforme, lo que sería demasiado pesado para un astronauta, sino que utiliza algoritmos de densidad para proteger los órganos más sensibles a la radiación, como las células madre y los órganos reproductores. Gracias a eso, la tecnología de StemRad es hoy el estándar sobre el cual se planificó la misión tripulada Artemis II y el futuro descenso lunar de Artemis III.
Tras el éxito de la misión Artemis I, donde el maniquí israelí “Zohar” validó esta tecnología, el Dr. Oren Milstein, CEO de StemRad, no ocultó su entusiasmo ante los datos obtenidos: “Los resultados superaron nuestras expectativas. Al principio parecían demasiado buenos para ser verdad, pero tras meses de análisis exhaustivo, nos convencimos de que eran realmente así de positivos”.
Este chaleco es el resultado de una mentalidad única. Según Milstein, la innovación israelí se basa en la honestidad brutal y el cuestionamiento constante: “En Israel la gente lo cuestiona todo... y eso es crítico para la innovación. Los israelíes te dirán la verdad”. Esa verdad científica es la que hoy permite a la NASA confiar en que sus astronautas estarán protegidos.
Una alianza con proyección espacial
La participación de Israel no es casual, sino parte de una estrategia de Estado. Al firmar los acuerdos de cooperación a largo plazo con la NASA en diciembre de 2025, la Ministra de Innovación, Ciencia y Tecnología, Gila Gamliel, definió el momento con claridad: “Esta firma es mucho más que un documento formal; es una declaración de confianza en la fortaleza tecnológica de Israel y en la sólida alianza con Estados Unidos, que cruza fronteras y atmósferas”.
Para el Director de la Agencia Espacial de Israel (ISA), Uri Oron, el impacto va más allá de lo técnico: “Estoy convencido de que el programa Artemis hará avanzar a la humanidad un paso más, no solo en el espacio sino también aquí en la Tierra”.
El cerebro de las misiones
Además de la protección física, el programa Artemis requiere de una capacidad de procesamiento de datos sin precedentes. Israel, como el “hub” tecnológico global, está aportando soluciones en computación de alto rendimiento para el espacio. Compañías como Ramon.Space están revolucionando la forma en que los satélites y naves procesan información en entornos de radiación extrema, permitiendo que la inteligencia artificial se utilice en tiempo real a miles de kilómetros de la Tierra.
La participación de Israel en los Acuerdos de Artemis -un marco internacional para la exploración pacífica del espacio- ha abierto la puerta para que startups israelíes desarrollen sistemas de soporte vital, sensores ópticos de alta precisión y tecnologías de comunicación que se utilizarán en la futura base lunar “Gateway”.
La tecnología como “Tikkun Olam”
Para los judíos, ver a Israel liderando este sector tiene un significado profundo. El concepto de Tikkun Olam (reparar el mundo) se expande. La tecnología que hoy protege a un astronauta de la radiación en la órbita lunar es la misma que se está adaptando para proteger a pacientes de cáncer durante tratamientos de radioterapia en la Tierra. El ingenio israelí no solo busca alcanzar las estrellas, sino encontrar soluciones que mejoren la vida de los seres humanos.
El programa Artemis II es el testimonio de que el Estado de Israel ha dejado de ser solo un receptor de tecnología para convertirse en un proveedor crítico para las superpotencias. Sin la validación de los datos obtenidos por el experimento de Zohar y el diseño ergonómico de StemRad, el riesgo de enviar seres humanos de regreso a la Luna sería, sencillamente, inasumible para la NASA.
Israel: el eje de la nueva era espacial
Al observar el despegue de Artemis II, la comunidad judía internacional pudo sentir una conexión directa con esa misión. El ingenio israelí ha dejado de ser un accesorio para convertirse en una pieza estructural. Como concluyó la ministra Gamliel: “Nuestros ojos están en el futuro... estamos trabajando para que pronto veamos a una mujer israelí con un traje espacial que continúe el legado de Ilan Ramon”.
Hoy Israel es el socio que cuida la vida de los pioneros. Lo que nació en laboratorios de Tel Aviv y Haifa es ahora clave para que los exploradores del espacio pueda volver a casa sanos y salvos tras conquistar las estrellas.