La profesora Ada Yonath, química israelí que ganó el Premio Nobel de Química en 2009 por su innovadora investigación sobre la estructura y la función del ribosoma -la diminuta máquina molecular dentro de las células que lee las instrucciones genéticas y las utiliza para construir las proteínas esenciales para la vida- falleció el lunes a los 87 años.
Su vida fue una historia israelí por excelencia. Nacida como Ada Lifshitz en Jerusalén en 1939 en el seno de una familia judía tradicional y pobre, perdió a su padre a una edad temprana y comenzó a trabajar antes de cumplir los 12 años. Su madre luchó para asegurar que Ada y su hermana menor pudieran continuar con su educación.
Desde esos modestos comienzos, Yonath se convirtió en una de las científicas más destacadas del mundo y en la primera mujer israelí en ganar un Premio Nobel. Pero lo más extraordinario de su historia no fue el premio en sí, sino la perseverancia que lo hizo posible.
A finales de la década de 1970, Yonath se propuso determinar la estructura del ribosoma, un órgano extraordinariamente complejo. Los científicos más destacados creían que cristalizar algo tan grande e inestable era prácticamente imposible.
“La gente me llamaba soñadora”, recordó Yonath en un artículo del Instituto Weizmann de 2009.
“Quería revelar cómo se traduce el código genético en proteínas”, añadió, comparando el reto científico con la conquista del Everest. “Mi sueño era aportar algo a la humanidad”.
Yonath y sus colegas realizaron unos 25 mil intentos antes de producir los primeros cristales de ribosomas en 1980. Tras dos décadas de minuciosa investigación, sus equipos determinaron las estructuras tridimensionales completas de las dos subunidades de un ribosoma bacteriano.
Sus descubrimientos ayudaron a los científicos a comprender cómo los antibióticos atacan a las bacterias y cómo estas desarrollan resistencia, allanando el camino para el desarrollo de medicamentos mejorados que permitan afrontar uno de los desafíos más serios de la medicina moderna.
El presidente israelí Isaac Herzog la describió en X como “una pionera internacional” cuyos “descubrimientos revolucionarios cambiaron el panorama científico y trajeron gran honor al Estado de Israel”.
“I want to do something that will contribute to Israel and to humanity, to strengthen the positive view of science.” — Professor Ada Yonath
— יצחק הרצוג Isaac Herzog (@Isaac_Herzog) August 31, 2026
I am deeply saddened to learn of the passing of Professor Ada Yonath, Nobel laureate in Chemistry, Wolf Prize laureate, Israel Prize…
El profesor Alon Chen, presidente del Instituto Weizmann, le rindió homenaje a una científica que “nunca dudó en elegir un camino que otros consideraban imposible y en seguirlo durante décadas con determinación, curiosidad y valentía”.
En un comunicado, afirmó: “Ella demostró a generaciones de científicos lo que se puede lograr cuando uno se atreve a plantear grandes preguntas y persevera en la búsqueda de respuestas”.
Yonath hizo precisamente eso hasta el final. Según el Instituto Weizmann, continuó realizando investigaciones, publicando artículos, dirigiendo un laboratorio activo y colaborando con científicos de todo el mundo hasta los últimos días de su vida.
A Yonath le sobreviven su hija, la Dra. Hagit Yonath, médica especializada en medicina interna y genética, y su nieta, Noa Yonath-Komarov.
Entre sus numerosos galardones figuran el Premio Israel, el Premio Wolf y el Premio EMET, además de unos 40 doctorados honoris causa. Para ella, el más memorable fue el premio a la “Abuela del Año”, otorgado por Noa, quien, a los 5 años, invitó a su abuela a explicar a su clase del jardín cómo funciona el ribosoma.
Yonath dedicó su vida a perseguir lo que otros consideraban imposible. Su perseverancia no solo demostró que estaban equivocados, sino que cambió nuestra comprensión de la vida misma.