La población judía en Judea y Samaria creció en 2025 al doble del ritmo del crecimiento general de la población de Israel, según un informe elaborado por el exlegislador Ya’akov Katz y compartido por primera vez con JNS el viernes.
Al 1 de enero de 2026, 541,085 judíos vivían en Judea, Samaria y el Valle del Jordán, lo que representa aproximadamente el 5.32% de la población total del Estado judío, de acuerdo con el West Bank Jewish Population Stats Report.
La población aumentó un 2.2% el año pasado, exactamente el doble de la tasa de crecimiento del 1.1% de la población total del país.
Esa cifra, extraída de estadísticas del Ministerio del Interior, no incluye a los aproximadamente 340 mil judíos que viven en la parte oriental de Jerusalén, que los palestinos reclaman pese a formar parte de la capital de Israel, señala el informe.
Aun así, el reporte muestra una leve desaceleración del crecimiento en Judea y Samaria, que Katz atribuyó al envejecimiento de la población.
Bet El, en la región de Binyamin, en el sur de Samaria, por ejemplo, tuvo la tasa de natalidad más alta del país en 1986, cuando la mayoría de sus residentes estaban en edad fértil. Cuatro décadas después, muchos residentes allí y en toda Judea y Samaria están en sus 60 y 70 años, lo que modera el crecimiento.
La población judía en Judea y Samaria ha crecido un 13.8% desde 2021, cuando 475,481 judíos vivían en la región liberada durante la Guerra de los Seis Días de 1967.
Algunas de las comunidades con mayor crecimiento en el último año fueron Avigail y Asael, en las Colinas del Sur de Hebrón, en Judea, que registraron aumentos del 720% y 644.8%, respectivamente; Shacharit, en Samaria (600%); Givat HaRoeh, en Binyamin (169.4%); y Beit Hogla, en el Valle del Jordán (111.6%).
Las localidades más grandes fueron las ciudades haredíes de Modi’in Illit (en Samaria) y Beitar Illit (en Judea), con 92,339 y 74,760 residentes, respectivamente; seguidas por la ciudad de Ma’ale Adumim, en el desierto de Judea, a las afueras de Jerusalén (40,800); Giv’at Ze’ev, también cerca de la capital (25,630); y la ciudad de Ariel, en Samaria (22,273).
El informe de Katz enumera varias localidades con apenas algunos residentes, ya que fueron recientemente legalizadas y anteriormente estaban registradas en aldeas vecinas ya establecidas y el Registro de Población aún no refleja esos cambios.
Según el análisis de datos de Katz, el crecimiento natural de los residentes judíos de la región en disputa podría llevar la población a superar los 600 mil habitantes en 2030, alcanzar 685,112 en 2035 y superar el millón para 2050.
Una revolución
Katz atribuyó al ministro de Finanzas de Israel, Bezalel Smotrich —quien también se desempeña como ministro adicional en el Ministerio de Defensa responsable de asuntos civiles en Judea y Samaria— y a la ministra de Asentamientos y Misiones Nacionales, Orit Strook, el haber impulsado “una revolución de gran alcance”.
Según Katz, su “reconfiguración de la arquitectura administrativa y de planificación de Israel ha traducido la ideología en un auge del desarrollo”.
En los últimos dos años, Smotrich ha supervisado el establecimiento de 69 nuevas comunidades, la aprobación de más de 60 mil unidades de vivienda y la designación de decenas de miles de dunams (miles de hectáreas) de tierra como propiedad estatal, explicó.
El establecimiento de nuevas localidades ha generado una continuidad territorial judía en alrededor del 82% de Judea y Samaria, afirmó Katz, lo que podría frustrar los esfuerzos por establecer un Estado palestino en la zona.
El exlegislador señaló que se invirtieron 7 mil millones de shekels (unos 2.200 millones de dólares) en autopistas y que se establecieron 140 granjas judías en toda Judea y Samaria, recuperando unos 700 mil dunams (70 mil hectáreas, o 173 mil acres).
Según el informe, esas granjas brindan control de facto sobre casi un millón de dunams (100 mil hectáreas, o unos 247 mil acres), un área que, afirma, es aproximadamente cuatro veces mayor que la de las comunidades establecidas de Judea y Samaria.
También se intensificó la aplicación de la ley contra la construcción palestina ilegal, cuadruplicándose las demoliciones. En 2025, por primera vez, se demolieron más estructuras árabes no autorizadas de las que se construyeron, indicó Katz.
Los cambios fueron posibles gracias a la transferencia de decenas de facultades clave —alrededor de 70 en total— de la Administración Civil del Ministerio de Defensa a un viceministro civil designado por Smotrich, lo que en la práctica le otorgó amplios poderes sobre los asuntos de Judea y Samaria, subrayó Katz.
En los últimos años, Smotrich y Strook lograron “no solo crecimiento en el número de asentamientos, sino una revolución en la gobernanza”, afirmó el exmiembro de la Knéset. “Al alinear autoridad, recursos y visión, han traducido aspiraciones nacionales largamente sostenidas en realidades irreversibles”.
Smotrich y el primer ministro Benjamin Netanyahu han encabezado un impulso sin precedentes para expandir el control sobre Judea y Samaria.
El domingo, Smotrich anunció que Israel reabrirá el proceso de registro de tierras en Judea y Samaria por primera vez desde 1967, permitiendo el registro de “amplias áreas” de tierras estatales.
El anuncio se produjo una semana después de que el Gabinete aprobara levantar la confidencialidad de los registros de tierras, cancelar las restricciones a las ventas a no árabes y eliminar la necesidad de aprobación previa para las compras.
Esa medida siguió a otra, una semana antes, cuando el Ministerio del Interior avanzó en la legalización de cinco comunidades incipientes en Samaria y el Valle del Jordán.
Casi el 70% de los ciudadanos israelíes quiere que Jerusalén extienda su plena soberanía legal a Judea y Samaria, según una encuesta de 2025.
El 58% de los judíos israelíes cree que las comunidades en Judea y Samaria contribuyen a la seguridad del país, según una encuesta publicada el 11 de marzo de 2025 por el Jewish People Policy Institute (JPPI).