Diego Fuks: Entre el diván y los superhéroes

El creador de héroes no habla de éxitos ni de certezas. Prefiere las preguntas a las respuestas. Tal vez por eso sus libros, sus personajes y hasta sus chistes nacen siempre del mismo lugar: la necesidad de entender al ser humano, empezando por él mismo.

Diego Fuks posa con algunos de sus libros. Foto: Cortesía.

Hay personas que pasan la vida intentando demostrar quiénes son. Diego Fuks, en cambio, lleva años tratando de descubrirlo.

La paradoja no es menor. Durante décadas escuchó a otros desde el consultorio como psicólogo, ayudándolos a comprender sus emociones, sus miedos y sus búsquedas. Sin embargo, cuando se le pregunta quién es él, la respuesta sorprende por su honestidad: “Me lo pregunto todos los días”.

Quizás esa inquietud permanente sea el verdadero hilo conductor de una vida que parece haber transitado por muchos caminos -la psicología, la escritura, el humor, los cómics- pero que, en realidad, siempre ha perseguido la misma meta: encontrarse.

La historia comenzó mucho antes de los libros. Creció en una generación donde había poco para mirar y mucho para imaginar. Con apenas dos canales de televisión, los días transcurrían entre partidos de fútbol en la calle, juegos de mesa, soldaditos, bloques y largas conversaciones inventando historias con amigos. No recuerda haber tenido grandes sueños porque, dice, los cumplía cada día. “No teníamos todo, pero al mismo tiempo lo tuvimos todo”.

Aquel niño curioso estuvo cerca de estudiar Medicina. Alcanzó a cursar un año antes de cambiar el rumbo hacia la Psicología, una decisión de la que aún reconoce arrepentirse parcialmente. Sin embargo, esa profesión terminó regalándole otra forma de sanar: escuchar. No solo dentro del consultorio, sino también fuera de él.

Escuchar a los demás también fue, sin saberlo, una escuela para escribir.

Aunque rechaza llamarse escritor porque considera que ese título “es demasiado grande”, reconoce que escribir funciona como una forma de terapia. Las historias comenzaron siendo un intento frustrado a los doce años, cuando quiso escribir una novela bélica y abandonó el proyecto apenas cinco páginas después. Décadas más tarde llegarían poemas, cuentos guardados en un pendrive y, finalmente, los libros que hoy lo identifican.

La pandemia terminó de abrir esa puerta. Encerrado, sin trabajo y con tiempo para pensar, decidió escribir una historia que él mismo había echado de menos durante su infancia: aventuras protagonizadas por héroes judíos. Mientras observaba que gran parte de la literatura infantil judía giraba en torno a la Torá, las festividades o los patriarcas, se preguntó por qué no podía existir también un James Bond judío, un detective o un héroe de acción que transmitiera valores. Así nacieron Uzi Rock y Abi Gold.

Libros de Diego Fuks.
A diferencia de otras series de literatura infantil judía, que giran en torno a la Torá y las festividades hebreas, Fuks decidió crear héroes de acción. Foto: Cortesía.

No buscó escribir libros religiosos. Buscó contar buenas historias.

En ellas aparecen la honestidad, la solidaridad, el compromiso con la palabra y la responsabilidad hacia los demás. Para Fuks, esos valores son profundamente judíos precisamente porque son universales. No cree en imponer creencias ni en dividir el mundo entre blanco y negro; prefiere hablar de una paleta de colores donde las personas puedan encontrarse desde el respeto mutuo.

Sus héroes tampoco son casuales. Crecieron alimentados por las novelas de misterio de Los Hollister, las historias de Agatha Christie, los libros de “Elige tu propia aventura” y una devoción intacta por James Bond, Misión Imposible y las películas de espionaje.

Pero detrás de esos agentes secretos siempre aparece el psicólogo.

Cuando le preguntan cuánto de él existe en sus personajes, responde con una palabra rotunda: “Todo”. Lo que es, lo que le habría gustado ser, incluso aquello que nunca llegó a convertirse. Sus protagonistas representan distintas versiones posibles de sí mismo.

Algo parecido ocurre con el humor.

Mucho antes de subir ocasionalmente a un escenario de stand up, descubrió que disfrutaba haciendo reír a sus amigos. Sonriendo comenta que hace “stand up nivel usuario… lo mío es artesanal y amateur”.

La risa, dice, es mucho más difícil que el llanto. “Sentarme frente a un paciente es más fácil. El humor es más complejo, lo que me causa gracia a mí puede no serlo para otros. No es fácil hacer reír a un grupo. En grupos que me siento cómodo me ‘suelto’ completamente y no paro”.

Puede ser una máscara, un mecanismo de defensa o un acto de bondad gratuito. “Reír permite soportar el peso de la vida”. Tal vez por eso nunca abandona el humor, ni siquiera cuando dicta charlas o atiende pacientes.

A pesar de los libros publicados, de los lectores que vuelven para comprar nuevos ejemplares o de los proyectos que siguen apareciendo, Fuks evita hablar desde la llegada. Prefiere el camino.

Si tuviera que resumir toda su vida en una sola palabra, no elegiría “psicología”, “escritura”, “humor” ni “judaísmo”.

Elegiría “encontrarme”.

Porque, después de todo, se define como “un explorador sin mapa”. Y quizá esa sea la mayor enseñanza que deja su historia: no hace falta haber encontrado todas las respuestas para dejar una huella en los demás. A veces basta con seguir buscando.

Jessica Navarro K.
Jessica Navarro K. Jessica Navarro K.
Jessica Navarro Kobrinsky es una periodista que se especializa en medios digitales. Es coeditora de La Palabra Israelita en Chile.