El traspaso presidencial realizado el 11 de marzo en el Palacio de La Moneda marcó algo más que la alternancia política habitual en Chile. Con la entrega de la banda presidencial por parte de Gabriel Boric a José Antonio Kast, comenzó una etapa que promete redefinir la relación del país con Israel y con la comunidad judía presente en el país.
Durante su campaña, Kast había anticipado su intención de “recomponer los lazos con Israel y con la comunidad judía”. En las
primeras horas de su mandato, esa promesa comenzó a tomar forma a través de gestos y definiciones políticas que apuntan a modificar el tono de la política exterior chilena con respecto a Medio Oriente.
Entre las señales más comentadas se encuentra la eventual remisión de la participación de Chile en el Comité para el Ejercicio de los Derechos Inalienables del Pueblo Palestino (CEIRPP), instancia dependiente de Naciones Unidas a la que el país se incorporó durante los últimos meses del gobierno saliente. La nueva administración también ha adelantado que buscará fortalecer los vínculos diplomáticos y de cooperación con Israel en áreas como innovación tecnológica, seguridad y desarrollo.
El cambio de orientación se produce tras un período en el que dirigentes de la Comunidad Judía de Chile manifestaron reiteradamente su preocupación por el tono de la relación con el gobierno de Boric.
Una relación marcada por tensiones
Las fricciones entre el entonces diputado Boric y sectores de la comunidad judía se remontan a años previos a su llegada a La Moneda. A comienzos del 2015, fue el único en protestar en la Cámara de Diputados donde se votaba para otorgar la nacionalidad al rabino Eduardo Waingortin, quien ya era el Capellán Judío en La Moneda. Otro de los episodios más recordados ocurrió durante la festividad de Rosh Hashaná de 2019. En esa ocasión, la Comunidad Judía de Chile (CJCh) envió al parlamentario el tradicional obsequio de miel asociado al Año Nuevo judío. Boric respondió en redes sociales señalando que “podrían partir por pedirle a Israel que devuelva el territorio palestino ilegalmente ocupado”, comentario que fue interpretado por dirigentes comunitarios como una reacción despectiva hacia un gesto de carácter cultural y religioso.
Las diferencias continuaron durante su presidencia. En septiembre de 2022 se produjo un episodio diplomático que generó amplio debate público: el presidente decidió no recibir en la fecha prevista las cartas credenciales del embajador de Israel en Chile, Gil Artzyeli. El Gobierno argumentó un “reagendamiento” por los niños palestinos muertos en Gaza, pero el episodio fue calificado por la CJCh como un agravio diplomático personal.
Ese año, con miras a calmar las aguas, Boric participó en la celebración de Janucá en el Palacio de La Moneda, donde encendió velas junto a representantes comunitarios. Sin embargo, en los años posteriores la presencia presidencial fue reemplazada por delegaciones ministeriales. Dirigentes como Ariela Agosin y Gabriel Zaliasnik denunciaron “animadversión sistemática”, acusándolo de priorizar actos palestinos.
El debate se intensificó tras los ataques del 7 de octubre de 2023 contra Israel. Las declaraciones del mandatario chileno sobre la guerra en Gaza generaron críticas de la Comunidad Judía de Chile, que consideró insuficiente la referencia a la responsabilidad de Hamás y al impacto de los ataques sobre la población israelí.
Las tensiones volvieron a aparecer en 2024, cuando el presidente chileno sostuvo reuniones con el líder de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas. En paralelo, una serie de discursos del mandatario contra Israel en Naciones Unidas –sin empatía por los rehenes– fueron tildados por Zaliasnik como “alimentar el odio a los judíos en Chile”.
El último episodio relevante se produjo en los meses finales de su gobierno. Mediante una nota verbal enviada el 17 de diciembre de 2025, días después de que Kast fuera electo, Chile inició su incorporación al Comité para el Ejercicio de los Derechos Inalienables del Pueblo Palestino (CEIRPP), decisión fue aprobada el 3 de febrero de 2026.
Las primeras señales del nuevo gobierno
El presidente Kast ha planteado que su administración buscará reposicionar a Chile como un actor equilibrado en el debate internacional, manteniendo relaciones con todas las partes, pero
reforzando la cooperación con Israel.
En esa línea, el nuevo Gobierno ha comenzado a dar señales desde la ceremonia de cambio de mando, en la que participó el capellán de La Moneda, representante del credo judío, Eduardo Waingortin.
La nueva administración también evalúa fortalecer las instancias de diálogo con organizaciones comunitarias y mantener tradiciones como la celebración de Janucá en el Palacio de La Moneda.
Reacciones en la comunidad palestina
La comunidad palestina, con cerca de 500 mil descendientes y la más grande de Latinoamérica, reaccionó con furia. Su presidente Tarik Ata declaró ayer: “Kast capitula ante sionistas, traicionando Gaza y la tradición chilena. Salir del CEIRPP aislará a Chile de árabes”. Manifestaciones frente a La Moneda convocan miles para hoy, con apoyo del PCCh. Acusan a Kunstler y Ribera, colaboradores cercanos de Kast, de “lobistas de Netanyahu”.
Sin embargo, su oposición choca con realidades: Chile mantiene lazos comerciales con países árabes (por ejemplo, EAU, US$1.200 millones en 2025), y Kast promete “diálogo sin rupturas”. La comunidad judía celebra: “Por fin un presidente que nos ve como chilenos primero”.
Un escenario político en redefinición
rechazo de símbolos judíos, ausencias
rituales, diplomacia anti-Israel obsesiva y alineamiento con actores
cuestionados.
Hoy Chile debería retomar su papel en Medio Oriente: neutral, pro-diálogo, sin sesgos. Kast hereda desafíos –manifestaciones palestinas, izquierda en el Congreso– pero la comunidad judía respira alivio tras cuatro años de marginalidad.