La sirena siempre suena por primera vez

A 32 años del atentado antisemita más grave de la historia de América Latina, Osvaldo Armoza, presidente de la AMIA y Marina Degtiar, hermana de una víctima fatal, hablan de recuerdo, memoria y justicia.

Acto conmemorativo del atentado en la AMIA.
Acto conmemorativo del atentado en la AMIA, Argentina, 2025. Crédito: Prensa AMIA.

Marina Degtiar tenía 26 años cuando su hermano Cristian, de 21, fue asesinado en el atentado terrorista contra la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina, la AMIA, el 18 de julio de 1994. Tres décadas después, convertida en psicóloga especialista en duelo, asegura que la construcción de memoria es un compromiso de varias generaciones.

Cristian Degtiar era estudiante de abogacía y en las tardes trabajaba en la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA), en el edificio de la AMIA. Ese día fue en la mañana. Al escuchar de la explosión, Marina corrió hacia Pasteur 633. Recordando el hueco de escombros donde había estado el edificio dice: “Ahí tengo un vacío en mi memoria que nunca pude reconstruir”.

Ese “apagón”, como ella misma lo llama, se repitió dos días después, cuando la familia recibió la confirmación de que Cristian había muerto.

Marina y Cristián Degtiar de niños. Foto: cortesía.
Marina y Cristián Degtiar de niños. Foto: cortesía.

La bomba que destruyó el edificio de la AMIA cobró la vida de ochenta y cinco personas; más de trescientas quedaron heridas. Es el atentado antisemita más grave de la historia de América Latina y el ataque más letal contra un objetivo judío fuera de Israel desde la Segunda Guerra Mundial. Dos años antes, en 1992, otra bomba había arrasado la Embajada de Israel en la misma ciudad.

Durante un año y medio convivió con una enfermedad pulmonar de base emocional que la obligaba a dormir con oxígeno junto a la cama. “A mi hermano se le cayó un edificio encima y a mí me faltaba el aire. Era como una relación bastante directa”, reflexiona.

Después de mucho tiempo y de mucho llorar, sintió que le estaba faltando el respeto a la vida de su hermano, a lo que él no pudo. Se propuso audicionar en la escuela de teatro más exigente de la ciudad. Cuando fue aceptada, su enfermedad desapareció.

Ese mismo impulso reapareció veinte años después, cuando a los 45 años, con cuatro hijos, decidió estudiar psicología. Hoy es especialista en duelo.

Hace 12 años creó, junto a un amigo “Trazos de Vida": un homenaje que se realiza cada 18 de julio en la noche, con la participación de artistas, periodistas e intelectuales argentinos, organizado junto al Club Náutico Hacoaj y ORT Argentina.

La memoria

Osvaldo Armoza, al asumir la actual presidencia de la AMIA retomó el compromiso con la memoria y la justicia de toda la comunidad, y pidió que se termine la impunidad. “No nos derrotaron, no lograron callarnos. Seguiremos juntos y de pie”, dijo.

Sobre cómo se elabora el mensaje cada año para que resuene en todo el mundo, Armoza sostiene que: “Desde hace 32 años, a su tarea cotidiana, la AMIA sumó el compromiso permanente por promover el ejercicio de la memoria y el reclamo de justicia. Porque no podemos permitir que se olvide lo que sucedió y porque no debemos aceptar que la impunidad sea el único resultado. El arte y la comunicación son herramientas fundamentales para mantener viva la memoria, llegar a nuevos públicos y transmitir el significado de aquel 18 de julio de 1994 desde diferentes lenguajes y formatos”.

En efecto, todos los años la institución genera una estrategia de comunicación que logra mucha repercusión en redes sociales y alto impacto en la sociedad, y siempre poniendo al centro el concepto de justicia y memoria. Esto se expresa claramente en el lema de esta conmemoración (2026): “Hoy no podemos perder la memoria”.

Esa búsqueda también se sostiene fuera de Argentina. En 2025, el Capitolio de Estados Unidos fue escenario de una ceremonia inédita en homenaje a las 85 víctimas fatales. Chile, país limítrofe con Argentina, envía cada año una delegación de parlamentarios y periodistas a la conmemoración en Buenos Aires. En Santiago, la embajada argentina organiza un acto propio al que se invita a líderes de opinión.

Por otra parte, las familias han sido desde el principio los pilares de la construcción de memoria. Marina explica que: “Es un compromiso de generación en generación. Mis cuatro hijos, de entre 20 y 37 años, que no conocieron a su tío, participan cada julio de los homenajes: unos cantan, otros tocan la batería, otros dan charlas. De hecho, la tesis de grado de una de mis hijas es acerca de la construcción de la memoria del atentado a partir o a través de las acciones de los familiares en los primeros 10 años”.

Osvaldo Armoza, actual presidente de la AMIA. Foto: cortesía.
Osvaldo Armoza, actual presidente de la AMIA. Foto: cortesía.

Para el presidente de la AMIA, este es un desafío central. “Mantener viva la memoria no significa repetir siempre lo mismo, sino encontrar maneras renovadas de contar lo que ocurrió, explicar sus consecuencias y reafirmar los valores que defendemos: la convivencia democrática, el rechazo al terrorismo y la exigencia de justicia. Mientras las nuevas generaciones comprendan que el atentado fue un ataque contra toda la sociedad argentina y que la impunidad no puede naturalizarse, la memoria seguirá viva. Es un aporte que hacemos de cara a toda la sociedad. Es nuestro compromiso para dignificar la memoria de todas las personas que fueron asesinadas”.

En este ámbito cabe destacar la vigilia de la juventud, que se realiza la noche previa al acto central precisamente para trasladar el relato a generaciones que no vivieron el atentado.

Para el líder de la AMIA recordar también pasa por el compromiso de denunciar que la causa sigue marcada por la impunidad: “No se trata solo de mirar hacia el pasado sino de sostener un reclamo vigente para que los responsables materiales e intelectuales del atentado respondan ante la justicia argentina”.

Consultado sobre los juicios en ausencia, Armoza es tajante: “Nuestra expectativa es que permita avanzar, finalmente, hacia un juicio oral y público en el que se determinen las responsabilidades penales de todos los acusados”.

Para él, la impunidad es un mensaje directo al terrorismo: “Asesinar a 85 personas puede quedar sin respuesta. Esa misma impunidad constituye, en sí misma, una segunda agresión contra las víctimas y sus familiares. Sin justicia, el atentado se sigue repitiendo cada día”, subraya.

Aunque aún no se hace justicia, cada año se busca que las nuevas generaciones mantengan viva la memoria. Este viernes 17 de julio, adelantado por coincidir el aniversario con Shabat, Buenos Aires volverá a detenerse a la hora exacta de la explosión, para que ni el atentado ni el silencio queden impunes, o en el olvido.

Marina sabe que ese día la sirena sonará a las 9:53 horas. “La sirena para mí suena siempre por primera vez. Ese día abro la compuerta. Me permito conectarme y lloro. Me doy el permiso de conectarme con la parte más dolorosa de mi dolor” afirma. Aunque al mismo tiempo dice que pese a esa herida, elige el recuerdo y el amor de su hermano.

“Cristian era de una calidez insistente. Un buen hermano, un buen tío. No se iba un día sin decirle ‘te amo’ a mi mamá. Nosotros decíamos: todas las familias tienen una oveja negra, nosotros teníamos una oveja blanca”, concluye.

Grace Agosín es periodista, columnista, profesional en las relaciones públicas y comunicación estratégica en Chile.