Uno de los problemas más apremiantes de la guerra moderna es la asimetría económica: cómo derribar un dron barato, que cuesta apenas unos miles de dólares, sin agotar las reservas de misiles de defensa aérea cuyo costo es diez veces mayor o más.
Un ejercicio reciente llevado a cabo por infantes de marina estadounidenses en Filipinas, frente a la costa del Mar de China Meridional, ofrece una visión de la solución que el estamento de defensa estadounidense está tratando de impulsar.
Durante el ejercicio, las fuerzas practicaron la interceptación de drones de ala fija mediante un sistema móvil de defensa aérea conocido como MADIS (Sistema Integrado de Defensa Aérea de la Infantería de Marina). Este sistema se basa en dos vehículos tácticos ligeros, sucesores del conocido Humvee. Uno de ellos está equipado con un radar avanzado para la detección de objetivos aéreos, mientras que el otro transporta misiles Stinger, además de sistemas de guerra electrónica e interferencia de señales.
En lugar de depender únicamente de misiles, ambos vehículos están armados con cañones y ametralladoras. El objetivo es brindar a los comandantes en el terreno un arsenal variado de opciones, que incluya misiles, guerra electrónica y fuego de cañón, para que puedan elegir la respuesta más viable económicamente según la amenaza.
Proyectiles en lugar de misiles de medio millón de dólares
Hasta ahora, las operaciones estadounidenses en Medio Oriente contra las amenazas iraníes han dependido en gran medida de misiles aire-aire costosos y difíciles de producir, como el AIM-120, cada uno de los cuales tiene un precio de 1 millón de dólares. Los misiles Stinger utilizados por el sistema MADIS tampoco son baratos, con un coste aproximado de 430 mil dólares por misil, mientras que los interceptores Coyote utilizados por las fuerzas en la región cuestan alrededor de 100 mil dólares cada uno.
En contraste, un dron explosivo iraní Shahed cuesta a las industrias de Teherán unos 30 mil dólares, mientras que los drones más pequeños se pueden comprar por unos pocos miles de dólares. Para reducir esa diferencia, los estadounidenses confían en un proyectil específico de 30 mm equipado con una espoleta de proximidad. La espoleta detecta el objetivo y detona el proyectil al acercarse, lo que significa que no se requiere un impacto directo y preciso.
Según estimaciones de expertos en municiones, incluso si se necesitaran cinco de estos proyectiles para derribar un solo dron, el costo total sería de aproximadamente 11,250 dólares. Estos proyectiles se consideran una alternativa fiable y eficaz en caso de que la interferencia electrónica no logre neutralizar la amenaza.
El desafío de la producción en masa
A pesar de la clara ventaja económica, el cambio a la munición de cañón plantea un complejo desafío logístico para la industria de defensa estadounidense. Para ofrecer una respuesta eficaz en el campo de batalla, las fuerzas armadas necesitarán cientos de miles de proyectiles, pero existen muy pocas líneas de producción capaces de fabricar espoletas de proximidad electromecánicas precisas a esa escala.
Grandes empresas de defensa como Northrop Grumman, que recientemente ganó un contrato por valor de más de 200 millones de dólares del Ejército de los Estados Unidos, y la empresa tecnológica L3Harris, ya han comenzado a invertir recursos en la ampliación de las líneas de producción para mantenerse al día con el aumento de la demanda mundial de este tipo de munición.
En el terreno, los Marines están practicando el uso combinado de estos sistemas según la magnitud de la amenaza. En el último ejercicio, el cañón de 30 mm y los proyectiles con espoleta de proximidad se utilizaron contra los objetivos de mayor tamaño, mientras que la ametralladora secundaria, caracterizada por su alta cadencia de fuego, se empleó contra drones más pequeños. El uso de los costosos misiles Stinger se reservó para el final del ejercicio como último recurso, capaz de neutralizar el objetivo con un solo disparo.
Publicado originalmente porIsrael Hayom.