Un estudio israelí revela que centrar la atención en la inflamación puede reducir la respuesta

Investigadores de la Universidad Bar-Ilan descubrieron que la inflamación disminuía más rápidamente cuando los participantes centraban su atención en la zona afectada.

Una vista de la Facultad de Medicina Azrieli de la Universidad Bar-Ilan. Crédito: Cortesía de la Universidad Bar-Ilan.
Una vista de la Facultad de Medicina Azrieli de la Universidad Bar-Ilan. Crédito: Cortesía de la Universidad Bar-Ilan.

¿Puede influir el hecho de prestar atención a una zona inflamada del cuerpo en la rapidez con la que remite la inflamación? Un nuevo estudio israelí sugiere que sí.

Investigadores de la Facultad de Medicina Azrieli de la Universidad Bar-Ilan han encontrado pruebas de que la atención dirigida puede influir en la respuesta inflamatoria del cuerpo. Cuando los voluntarios se centraban deliberadamente en las sensaciones procedentes de una pequeña zona inflamada, la respuesta inflamatoria era notablemente menor y volvía a los niveles normales más rápidamente que cuando dirigían su atención a otra parte.

El estudio fue dirigido por la Dra. Nofar Mizrachi en el laboratorio de la Dra. Liron Rozenkrantz, en colaboración con el inmunólogo clínico, el profesor Menachem Rottem. 57 voluntarios sanos participaron en tres experimentos preinscritos.

Los investigadores indujeron una pequeña respuesta inflamatoria temporal en la piel de los participantes mediante un procedimiento estandarizado. A continuación, se indicó a los participantes que se centraran en las sensaciones procedentes de la zona afectada o que desviaran su atención de ella.

Durante los siguientes 20 minutos, los investigadores midieron la respuesta inflamatoria, junto con indicadores fisiológicos como la variabilidad de la frecuencia cardíaca, la temperatura cutánea y la actividad del sistema nervioso autónomo, que regula las funciones corporales involuntarias.

Alrededor del 90% de los participantes mostraron una respuesta inflamatoria reducida cuando se centraban en la zona afectada. La respuesta fue aproximadamente 1.5 veces menor que cuando dirigían su atención hacia otra parte. La diferencia se observó en cuestión de minutos, y la inflamación volvió a los niveles iniciales más rápidamente cuando los participantes se centraban en la zona afectada.

“Lo que resultó especialmente llamativo fue que dirigir la atención hacia la zona inflamada no solo modificó lo que experimentaban los participantes, sino también la propia respuesta inflamatoria”, afirmó Rozenkrantz. “Esto plantea la posibilidad de que nuestra experiencia subjetiva de lo que ocurre en el cuerpo no sea solo un proceso pasivo, sino que pueda estar contribuyendo activamente a la regulación de las respuestas fisiológicas”.

Los investigadores identificaron indicios de que intervenían dos mecanismos que actuaban conjuntamente. Uno de ellos implicaba señales sensoriales procedentes del propio tejido inflamado. El otro consistía en un proceso descendente en el que el cerebro seguía influyendo en la respuesta inflamatoria incluso después de que la información sensorial procedente de la zona se hubiera reducido con un anestésico local. Esto sugería que el efecto iba más allá de la mera percepción de sensaciones procedentes de la zona afectada.

Los resultados sugieren que la atención puede influir en la inflamación tanto a través de señales que se originan en el cuerpo como de procesos que se originan en el cerebro. En otras palabras, la forma en que el cerebro prioriza la información procedente del cuerpo puede afectar a cómo se regulan ciertas respuestas físicas.

El estudio se limitó a voluntarios sanos y a un modelo controlado y a corto plazo de inflamación cutánea. Los investigadores advirtieron que aún no está claro si los mismos mecanismos se aplican a la inflamación crónica, las enfermedades autoinmunes, la cicatrización de heridas u otras afecciones médicas.

Los resultados podrían sentar las bases para futuras investigaciones sobre si las técnicas basadas en la atención podrían tener aplicaciones en afecciones que implican inflamación persistente, como la artritis reumatoide, la enfermedad inflamatoria intestinal o la psoriasis.

Sin embargo, el estudio actual no establece dichas técnicas como tratamientos para estas afecciones. Sería necesario seguir investigando para determinar si los resultados son extrapolables al ámbito clínico o si podrían ayudar a la recuperación tras una lesión o una intervención quirúrgica, así como en casos de dolor o picor.

El estudio se publicó en la revista revisada por pares Nature Human Behaviour.