Cuando los generales llegan al poder en Israel

Una vez en el cargo, los exjefes militares suelen tomar decisiones audaces y, a veces, imprudentes.

Gadi Eisenkot, líder del partido Yashar y exjefe del Estado Mayor de las FDI, habla en un acto de campaña electoral en Nordiya, Israel, el 31 de agosto de 2026. Foto: Gili Yaari/Flash90.
Gadi Eisenkot, líder del partido Yashar y exjefe del Estado Mayor de las FDI, habla en un acto de campaña electoral en Nordiya, Israel, el 31 de agosto de 2026. Foto: Gili Yaari/Flash90.

Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) han sido consideradas durante mucho tiempo el corazón de la unidad y la resiliencia nacional, en una sociedad marcada por la diversidad y los conflictos internos.

La mayoría de los ciudadanos israelíes las ven como una fuerza de unión, que tiende puentes entre las divisiones y encarna un compromiso compartido con la seguridad y el futuro del país. Además, buena parte del Ejército israelí ha actuado con valentía en sus numerosas operaciones, batallas y guerras, en su mayoría victoriosas.

No sorprende, entonces, que de los 14 primeros ministros que ha tenido Israel desde su fundación en 1948, tres hayan sido generales: Yitzhak Rabin, Ehud Barak y Ariel Sharon.

En cambio, de los 14 presidentes que ha tenido Estados Unidos en el mismo período, solo un general, Dwight Eisenhower, ocupó la Casa Blanca. El peso de los líderes militares en la política israelí dice mucho del papel central del Ejército en la forma en que se gobierna el país y en su rumbo estratégico.

Tanto Rabin como Barak fueron jefes del Estado Mayor de las FDI, lo que les dio no solo experiencia militar, sino también conocimiento del liderazgo y de la gestión de crisis a nivel nacional. Ariel Sharon también fue una figura militar formidable y muchos lo consideraban un posible candidato a jefe del Estado Mayor.

Sin embargo, se dice que sus inclinaciones ideológicas de derecha y sus antecedentes de insubordinación impidieron su nombramiento. Aun así, más tarde fue ministro de Defensa.

Con las próximas elecciones en Israel, las encuestas sugieren que otro exjefe del Estado Mayor, Gadi Eisenkot, podría convertirse en un fuerte candidato a primer ministro. Este posible cambio de liderazgo invita a examinar los rasgos que compartieron los anteriores líderes militares y que podrían orientar lo que cabe esperar de un futuro gobierno.

A diferencia de casi todos los líderes civiles, cada uno de estos líderes militares mostró una notable impaciencia ante los conflictos sin resolver y tomó decisiones audaces y arriesgadas (sus detractores las calificaron de temerarias) que rompieron con la tradición.

Rabin prometió durante su campaña electoral que nunca reconocería a la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), y pocos meses después hizo exactamente eso al firmar los Acuerdos de Oslo.
Barak, que se había comprometido a no dividir Jerusalén ni retirarse del valle del Jordán, aceptó negociar ambas cosas, la división y al menos una retirada parcial, en Camp David en 2000.

Por su parte, Sharon declaró que “el destino de Netzarim es el destino de Tel Aviv”, y luego se retiró unilateralmente de Gaza y desmanteló todos los asentamientos de la Franja, en contradicción con sus promesas de campaña.

Al evaluar un posible liderazgo de Gadi Eisenkot, cabe recordar que declaró públicamente que quien siga creyendo en la solución de dos Estados después del 7 de octubre de 2023 está “delirando”.
Aunque dijo en público que quiere mantener una amplia zona de seguridad en Gaza, Líbano y Siria, según se informó, en privado transmitió que conservar territorio en un país hostil no es un fin en sí mismo, sino una carta para negociar mejores condiciones diplomáticas.

El comportamiento pasado de una persona, y menos aún el de tres de sus colegas de profesión, no garantiza su desempeño futuro. Sin embargo, a la luz de las características que compartieron Rabin, Barak y Sharon, y del registro histórico, los votantes no deberían sorprenderse si Eisenkot, una vez elegido primer ministro, sigue un camino muy distinto del que planteó durante su campaña.

Dado el legado de decisiones audaces y arriesgadas de sus predecesores, bien podría optar por aplicar cambios profundos, quizás de forma unilateral.

Si bien cada general llevó al poder su propia personalidad e inclinaciones, los factores señalados merecen una cuidadosa consideración por parte de los votantes antes de las elecciones del 27 de octubre. Los patrones históricos de los líderes militares en el gobierno pueden servir como indicadores clave de lo que se avecina.