32 años: el corazón sigue herido, pero latiendo

El próximo juicio en ausencia no borrará lo sufrido, ni traerá a la vida a los muertos. Pero la verdad existe y es hora de que todos la conozcan.

Bomberos y policías buscan sobrevivientes tras el atentado con bomba contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) en Buenos Aires, el 18 de julio de 1994. El ataque dejó 85 muertos. Foto: Ali Burafi/AFP vía Getty Images.
Bomberos y policías buscan sobrevivientes tras el atentado con bomba contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) en Buenos Aires, el 18 de julio de 1994. El ataque dejó 85 muertos. La justicia argentina aún no ha identificado a todos los responsables. Foto: Ali Burafi/AFP vía Getty Images.
Miguel Steuermann es director general de Radio Jai en Buenos Aires,Argentina.

El número 32 en la cultura judía no es un número cualquiera. La guematria, el valor numérico de las letras, dice que la lamed equivale a 30 y la bet a 2. Entre ambas se arma la palabra lev: corazón.

Hace 32 años el corazón de la vida judía en la República Argentina sufría un artero ataque terrorista. Ochenta y cinco en duelo. Cientos de heridos. Daños enormes. Un país ensangrentado.

La impunidad hizo que esa sangre siguiera fluyendo hasta hoy y clamando desde las entrañas de la tierra. La Torá dice: “Las sangres de tu hermano claman a Mí desde la tierra”. Sangres en plural.

Son las sangres de los 85. Y son las sangres de todas las generaciones, de todas las historias que quedaron truncadas por el terrorismo. Del nombre Abel viene abelut: duelo. Y desde hace 32 años vivimos en abelut permanente.

Ese lunes veníamos despertando de la final de otro mundial de fútbol. Veníamos de vivenciar otro Tishá BeAv, el día de duelo nacional del pueblo judío. Mientras se quemaba el Templo de Jerusalén, los terroristas eligieron agregar duelo a nuestra historia. Sabían lo que hacían. Lo habían planificado y programado para ese día.

Las vacaciones de invierno se transformaron en shock y duelo.

Nuestra radio, nacida como respuesta al primer atentado sufrido 2 años antes en Buenos Aires, se transformó en un bastión de contención e información.

Ya nunca, al igual que la comunidad y el país, volvimos a ser los mismos.
Hemos sobrellevado las pérdidas personales, los relatos de los familiares y amigos en su dolor y exigencia de justicia, las operaciones de encubrimiento, las miserias de demasiados, el asesinato del fiscal especial de la causa, el intento de imponer la impunidad para los inculpados y prófugos de la justicia.

La onda expansiva ha sido de tal magnitud que el corazón nunca volvió a la frecuencia previa.

Como un intento de curar algo del órgano dañado, y luego de años de trabajo, aparece el próximo juicio en ausencia. No borrará lo sufrido. No traerá a la vida a los muertos. No encarcelará a los terroristas y a los responsables políticos.

Esperemos que por lo menos traiga la necesaria certeza de cómo se ejecutó el golpe y quiénes fueron sus artífices y responsables.

La verdad existe. Y es hora de que todos la conozcan.

Siempre tendremos inescrupulosos cómplices de los terroristas que nos traerán todo tipo de teorías conspirativas en un país que las compra con una facilidad enorme.

Nuestro corazón sigue latiendo. Herido, dañado, desgastado, cansado... pero vivo.

Los 85 de la AMIA han seguido vivos como fantasmas durante estos 32 años. Tal vez, luego del juicio en ausencia, finalmente puedan comenzar a descansar en paz y nosotros a sanar.