Bajo la coalición de Netanyahu, los judíos de Judea y Samaria han tenido el viento a favor. El Gobierno ha aprobado nuevas comunidades y ha legalizado otras con carácter retroactivo, ha proporcionado financiación para infraestructuras y expansión y, quizás lo más importante, ha transferido la autoridad sobre asuntos civiles de los mandos militares a los políticos elegidos.
En una ceremonia celebrada en un asentamiento en agosto, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, afirmó que su Gobierno ha establecido y legalizado 104 comunidades y 160 asentamientos agrícolas en Judea y Samaria. La presencia judía en la región garantiza el presente y el futuro del pueblo israelí, afirmó.
“Esta es nuestra tierra y seguirá siendo nuestra para siempre”, declaró Netanyahu. “No hemos permitido, ni permitiremos, la creación de un Estado palestino. Si la izquierda llega al poder, la revolución de los asentamientos se detendrá”.
Los observadores con los que habló JNS se mostraron de acuerdo.
Amihood Amir, presidente de Profesores por un Israel Fuerte, un grupo de académicos centrado en cuestiones relacionadas con la seguridad y la identidad nacional israelíes, señaló que es difícil saber hasta qué punto será radical un gobierno de la oposición, “pero lo que es seguro es que no van a ampliar los asentamientos”.
Un gobierno de la oposición podría revocar las autorizaciones ya concedidas para algunos de los asentamientos agrícolas, los cuales han ganado popularidad en los últimos años, ya que permiten a una sola familia mantener una presencia física en una amplia zona mediante el pastoreo y otras actividades agrícolas.
En agosto, el ministro de Hacienda, Bezalel Smotrich, afirmó que quiere llevar el modelo de los asentamientos agrícolas a Galilea, en el norte —donde se concentran las localidades de mayoría árabe—, y al Negev, en el sur, donde los beduinos están ganando terreno rápidamente.
Amihood afirmó que esa idea se descartaría bajo un gobierno de la oposición, ya que su socio árabe, la Lista Árabe Unida (Ra’am), un partido vinculado a la Hermandad Musulmana, lo impediría. Son precisamente sus seguidores quienes construyen ilegalmente en Galilea y el Negev.
También es posible que un gobierno de la oposición llegara a un acuerdo con la Autoridad Palestina (AP). No se trataría de una retirada total, como ocurrió con la retirada de Gaza en 2005, cuando Israel desalojó por la fuerza a unos 8 mil residentes judíos. En su lugar, Israel cedería parte del territorio de Judea y Samaria, ampliando quizás el control palestino en la Zona B.
“En ese momento, la vida en los asentamientos se volverá tan peligrosa que mucha gente se marchará por voluntad propia”, afirmó. “Sus comunidades no solo se estancarán, sino que serán asfixiadas”.
Amir también prevé que un gobierno de la oposición atacará “injustamente” a los residentes judíos de la región. Las estadísticas muestran que la comunidad es una de las menos violentas del mundo, pero el gobierno perseguirá a los jóvenes judíos, afirmó.
“Hemos visto muchos casos recientes en los que provocadores de izquierdas, junto con árabes, empiezan a lanzar piedras a estos chicos, que luego se defienden. Los izquierdistas les hacen una foto y a eso se le llama ‘violencia de los colono’”, explicó. “El Gobierno tomará medidas drásticas. De hecho, acosarán a estos chicos y les obligarán a hacer todo tipo de confesiones falsas. Por eso, mi temor no se limita solo a Judea y Samaria. Temo por todo el tejido social de Israel”.
El general de brigada (reserva) Amir Avivi, que en junio dejó su cargo como presidente del Foro de Defensa y Seguridad de Israel (IDSF) para afiliarse al Likud, también teme por el tejido social israelí, aunque por una razón diferente. Coincidió en que un gobierno de la oposición no llevaría a cabo ninguna construcción en Judea y Samaria. “Van a suspender el presupuesto para infraestructuras y todo lo demás”, declaró a JNS.
Un gobierno así dependerá de sus miembros más extremistas, como el líder del partido de Los Demócratas, Yair Golan, quien ha declarado que quiere evacuar unos 100 asentamientos en Judea y Samaria. También dependerá de Mansoor Abbas, de Ra’am, y de la Lista Conjunta, otro partido árabe. Aunque es demasiado antisionista para formar parte de ningún gobierno israelí, ha manifestado su disposición a respaldar uno desde fuera, siempre que ello suponga la derrota de Netanyahu.
Cuando los árabes de Israel vean esto, se envalentonarán, afirmó Avivi.
“La situación interna de Israel es siempre delicada. Contamos con una gran minoría árabe —mayor, por cierto, que las de Francia, Gran Bretaña o España— y parte de ella está radicalizada. Si perciben que los judíos han renunciado a la soberanía y que el Gobierno depende de partidos árabes, eso podría motivarlos a llevar a cabo un ataque al estilo del 7 de octubre dentro de Israel. Vimos una señal de advertencia durante la operación Guardianes del Muro, con disturbios en ciudades de población mixta por todo Israel, incluidas la Galilea y el Néguev. Creo que este escenario podría darse, y es extremadamente peligroso”, afirmó Avivi.
La mayor preocupación de Avivi es la combinación de un Gobierno israelí de extrema izquierda con el auge de un Gobierno estadounidense antiisraelí. Durante los dos primeros años, un gobierno de oposición podría conformarse con medidas limitadas, como congelar la construcción y recortar los presupuestos, pero dentro de dos años habrá elecciones en EE. UU. Si sale elegida una administración antiisraelí, ejercerá presión sobre el gobierno israelí para que acepte una solución de dos Estados. Un gobierno de extrema izquierda, ya inclinado a hacerlo, aceptará esa solución, afirmó.
“Así que, aunque los dos primeros años no traigan consigo cambios drásticos, estamos asumiendo un enorme riesgo estratégico de cara al futuro. Por eso digo que se trata realmente de una votación existencial; que estamos votando por nuestras vidas”, afirmó Avivi. “No lo veo desde el punto de vista de un político. Estoy ofreciendo mi valoración profesional como general. Nos encontramos en un peligro muy grave”.