Una exoficial de alto rango de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), que ayudó a desarrollar los procedimientos para advertir a la población civil antes de los ataques militares, rebatió las afirmaciones del documental NAZA y en declaraciones a JNS sostuvo que la película no refleja los esfuerzos del Ejército israelí por evitar víctimas civiles, ni aborda o reconoce suficientemente las medidas que se toman para ello.
NAZA, cuyo título proviene de la sigla en hebreo de “daño colateral”, atrajo la atención internacional luego de que el 12 de septiembre se hiciera con el Premio Especial del Jurado en el 83º Festival Internacional de Cine de Venecia.
Las FDI han negado rotundamente la tesis central de la película: que atacaron sistemáticamente a civiles palestinos durante la guerra contra Hamás en Gaza.
La teniente coronel (reserva) Sarit Zehavi le explicó a JNS que hay dos tipos de objetivos: los que se atacan para neutralizar amenazas inmediatas en el campo de batalla y los objetivos basados en inteligencia. Ella se ocupaba de estos últimos como oficial.
Los objetivos de inteligencia pueden ser tácticos, operativos o estratégicos, y cada uno requiere la aprobación de un comandante según su naturaleza y una evaluación del posible daño colateral.
Zehavi es fundadora y directora ejecutiva del Centro Alma de Investigación y Educación, dedicado a los desafíos de seguridad de Israel en la frontera norte.
Hace unos 20 años, mientras servía en el Comando Norte de las FDI, ayudó a desarrollar los procedimientos y a establecer el marco para advertir a la población civil.
En el marco de las denuncias de NAZA, la exmilitar indicó que “el objetivo de la evaluación del daño colateral es reducirlo lo más posible”.
“Una vez que calculamos la evaluación, por ejemplo, según el tamaño y las características del edificio y la cantidad de personas dentro o alrededor de la estructura, tenemos que pensar qué hacer con eso”, añadió.
Completado ese paso, el objetivo pasa a planificación, lo que no significa necesariamente que vaya a ser atacado. Si existe riesgo de un daño colateral alto, los equipos correspondientes analizan formas de reducirlo, explicó Zehavi. Entre ellas, si conviene usar otras municiones, si se debe advertir a la población y cómo hacerlo, quién llevará a cabo el ataque y en qué circunstancias.
Una vez que se decide atacar, la evaluación se hace de nuevo.
En ese orden, Zehavi explicó: “Hay muchas personas en las FDI cuya misión es evitar o reducir al máximo el daño colateral. Son oficiales de inteligencia, personal de operaciones, artilleros y efectivos de la Fuerza Aérea. Mi misión formaba parte de la creación de los procedimientos para advertir a la población”.
Según Zehavi, ese trabajo abarcaba desde cómo redactar la advertencia y qué tipo de aviso enviar hasta qué zona evacuar, ya fuera un edificio, una calle entera o todo un pueblo, y cuál era el mejor momento para hacerlo. También incluía definir los canales para llegar a la población, como volantes, teléfonos celulares o redes sociales, y seguir sus movimientos para confirmar que la gente había logrado evacuar antes de atacar.
Toda esa información, explicó, se transmitía luego a los sistemas de mando y control de las FDI.
“Si no nos importara, no invertiríamos tanto esfuerzo en esto”, afirmó. “Y se hizo en los dos frentes, en Gaza y en Líbano”.
Para Zehavi, en guerras como la campaña de Estados Unidos en Irak, ejércitos extranjeros aprendieron de las FDI los procedimientos de advertencia, porque en ese momento el área no estaba tan desarrollada.
El contexto que falta
Según la exmilitar, otro aspecto “muy lamentable” de la película es la falta de contexto. A diferencia de los estadounidenses, que libraron una guerra a más de 3 mil kilómetros de casa, Israel lucha por su existencia, señaló.
“Cada error que cometemos puede costarles la vida a nuestras familias, y nuestros enemigos usan a su propia gente como escudos humanos”, afirmó.
Zehavi también marcó una diferencia con Hamás y Hezbolá, que, según dijo, declaran abiertamente su intención de cometer un genocidio contra los israelíes y actúan en consecuencia. “Nosotros no educamos a nuestros hijos, que con el tiempo se convierten en soldados, para eso”, sostuvo. “En Israel no existen esas aspiraciones”.
Por otra parte, Zehavi dijo que en el material promocional, los directores de NAZA incluyeron una escena en la que alguien menciona un “daño colateral de 500” y se hace hincapié en acusaciones de que a Israel no le importa. Para ella, cifras máximas como esa deberían tomarse como señales de alarma.
“Si no nos importa, ¿para qué nos molestamos en contarlo y mencionarlo, y para qué trabajamos en eso? La respuesta es que sí nos importa, y por eso preguntamos. Anotar el daño colateral no significa que automáticamente vayamos a atacar. Al contrario, la idea es identificar los riesgos para poder pensar en formas de evitarlos o reducirlos”, sostuvo.
La película, dijo, se suma a una tendencia de los últimos tres años: juzgar a Israel sin entender la realidad de la guerra.
“La gente quiere una guerra sin derramamiento de sangre. Israel no empezó la guerra ni quería entrar en ella. Pagamos un precio alto porque evitamos estas guerras en zonas y en etapas en las que nuestros enemigos eran más débiles. Y no hablo solo de Hamás, sino también de Hezbolá. Yo vivo en el norte, a apenas nueve kilómetros de Hezbolá”, manifestó. Y añadió: “Quienes nos critican nunca vivieron una guerra”.
Desde un punto de vista periodístico, Zehavi se preguntó por qué, si los productores buscaban influir en la sociedad israelí, eligieron estrenar la película en el festival de Venecia.
También criticó a los realizadores por no pedir comentarios a las FDI y por no revelar el rango ni el cargo de los integrantes de las FDI entrevistados de forma anónima.
“No hace falta revelar su identidad, pero deberían decir dónde sirvieron y qué cargos tenían. ¿Son soldados o comandantes? No sabemos lo suficiente. Ni siquiera le pidieron una respuesta a las FDI. Esto no es periodismo”, afirmó.