Texto completo: Discurso de Netanyahu ante la Asamblea General de la ONU

“Quiero que escuchen atentamente mis palabras: un día, y puede que no esté muy lejos, el pueblo iraní será libre. Su régimen asesino será derrocado por sus mentiras, por su corrupción y por su crueldad”, afirmó el primer ministro israelí.

Netanyahu UNGA United Nations General Assembly 2026
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, habla ante las Naciones Unidas en Nueva York, el 24 de septiembre de 2026. Foto: Arie Leib Abrams/Flash90.
Arie Leib Abrams/Flash90

A continuación se incluye la transcripción del discurso pronunciado por el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, durante la 81.ª Asamblea General de la ONU en Nueva York, el 24 de septiembre, publicada por la oficina del primer ministro. Se ha editado ligeramente por motivos de estilo.

“Señor presidente, antes de comenzar, solo un breve anuncio:

Si hay algún otro cobarde moral que aún no haya abandonado esta sala, por favor, que lo haga ahora. Muchas gracias.

Señoras y señores, hace 14 años subí a este estrado y tracé una línea roja.

Me comprometí a impedir que la dictadura asesina de Irán desarrollara bombas atómicas, armas nucleares destinadas a destruir a Israel, armas nucleares que pudieran amenazar al mundo entero.

Eso es exactamente lo que hicimos.

Ahora, permítanme decir algo que quizá les sorprenda.

Destruir las instalaciones nucleares de Irán fue difícil. Fue muy difícil de llevar a cabo. Pero para mí fue una de las decisiones más fáciles que he tenido que tomar como primer ministro. Porque si no lo hubiéramos hecho, todos estaríamos muertos.

Ahora bien, ¿quieren oír la ironía definitiva?

¡Al defenderse a sí mismo, Israel también está defendiendo a muchos de los países cuyos delegados acaban de abandonar esta sala!

De hecho, quiero que sepan que muchos de sus líderes incluso nos dan las gracias en privado por haber eliminado las armas nucleares de Irán.

Es difícil imaginar una hipocresía más alucinante, pero eso es exactamente lo que es.

No es la primera vez que nos enfrentamos a la amenaza de la aniquilación.

El 5 de junio de 1967, Israel estaba rodeado de enemigos que juraron abiertamente destruirnos.

Entonces no estábamos en Judea y Samaria, el corazón de la patria histórica del pueblo judío. No estábamos en Gaza. No estábamos en los Altos del Golán.

Y, señor al-Sharaa, debería saber que los judíos llevan en los Altos del Golán desde los tiempos de Moisés. Puede leerlo en la Biblia.

En aquel momento, en vísperas de la Guerra de los Seis Días de 1967, no estábamos en ninguno de esos lugares. Estábamos en una minúscula franja de tierra -y seguimos estando- que equivale aproximadamente a un tercio del uno por ciento de la superficie total del mundo árabe.

Sin embargo, acusan a Israel de colonialismo. Menudo colonialismo.

¿Y quiénes nos acusan? Entre ellos hay gente de Gran Bretaña y de Francia. Por el amor de Dios, ellos inventaron el término. Sus colonias abarcaban todo el planeta.

Colonialismo… Por favor… Otra mentira.

Sin embargo, en aquel momento, en este minúsculo pedazo de tierra, no había Cisjordania, ni Gaza, ni los Altos del Golán, solo la mera supervivencia de este único y exclusivo Estado judío, porque de eso se trata este conflicto. No se trata de territorios; se trata de un Estado judío, sean cuales sean sus fronteras. Y, sin embargo, en aquel momento, nos veíamos amenazados con la aniquilación por tres ejércitos árabes que estaban a punto de invadirnos.

¿Saben qué hacían los israelíes en aquel momento? Estaban cavando fosas comunes en previsión de miles y miles de víctimas. Para poder enterrar a nuestros muertos.

Por aquel entonces, yo era un estudiante de bachillerato israelí en Filadelfia.

Cinco días antes de que estallara la guerra, volé de vuelta a Israel.

Me encontré con un país sumido en un apagón total.

Israel se preparaba para el impacto.

Volé para ver a mi hermano Jonathan, Yoni.

Era un oficial de paracaidistas de 21 años. Y, al igual que el resto del ejército, su unidad ya estaba movilizada. Fui a buscarlo. Me dijeron que los paracaidistas estaban en campamentos en los huertos, en los naranjales alrededor de Ramle. Así que fui allí y pregunté a unos soldados: “¿Sabes dónde está Yoni Netanyahu?”. “No”. Entonces uno de ellos dijo: “Ah, ¿te refieres al chico joven? Sí, está en el siguiente huerto”.

Así que fui allí y, de repente, al final de una larga hilera de árboles, vi a mi hermano.

Se quedó absolutamente sorprendido al verme.

“Bibi”, dijo, “¿qué haces aquí?”.

Corrimos y nos abrazamos.

Mientras tomábamos una taza de café militar improvisado, le hice la pregunta que me rondaba por la cabeza, la pregunta que todos se hacían.

“Bueno, Yoni”, le dije, "¿qué va a pasar?”.

Hizo una pausa. Y luego dijo algo que nunca olvidaré. “Vamos a ganar”, dijo. “No tenemos otra opción”.

Recuerdo esas palabras como si fuera ayer.

Vamos a ganar. No tenemos otra opción.

Y así fue.

Nueve años después, unos terroristas palestinos secuestraron un avión de pasajeros con destino a Israel. Lo llevaron a Entebbe, en Uganda.

Al igual que los nazis, los terroristas seleccionaron a los pasajeros judíos: hombres, mujeres, niños y bebés. Amenazaron con matarlos a todos si Israel no liberaba a los terroristas palestinos.

Y entonces, el 4 de julio de 1976, el bicentenario de los Estados Unidos, en una de las misiones de rescate más dramáticas de la historia moderna, Yoni condujo a sus valientes soldados al corazón de África.

Milagrosamente, rescataron a 103 rehenes judíos y los trajeron a todos a casa, a todos y cada uno de ellos.

Mi hermano, el comandante del grupo de asalto, fue el único soldado que perdió la vida en esta misión.

Quiero dar las gracias de nuevo a Uganda por haber erigido recientemente una estatua de Yoni en el lugar donde cayó.

Amigos míos, las palabras de Yoni son tan ciertas hoy como lo eran hace más de medio siglo.

Vamos a ganar. No tenemos otra opción.

En ningún momento quedó esto más claro que el 7 de octubre de 2023, el día más oscuro de la historia de Israel.

En ese horrible día, miles de terroristas palestinos irrumpieron en Israel desde Gaza.

Quiero que sepan que en ese momento no había ni un solo israelí en Gaza. Ni un civil, ni un soldado. ¡Ni uno solo!

No importó lo más mínimo.

Los terroristas de Hamás cometieron la peor masacre de judíos desde el Holocausto.

Fueron de casa en casa, disparando a quemarropa a civiles israelíes. Lo hicieron con un regocijo diabólico. Con alegría sádica, retransmitieron en directo mientras asesinaban.

¿Y a quiénes asesinaron? Precisamente a los israelíes -sus vecinos- que les daban trabajo, que recogían a niños palestinos en la frontera de Gaza y los llevaban en coche a hospitales israelíes para que recibieran tratamiento contra el cáncer, y luego los traían de vuelta.

¿Pueden imaginar tal monstruosidad?

Estos monstruos de Hamás masacraron a supervivientes del Holocausto. Quemaron vivos a bebés delante de sus padres. Decapitaron a nuestros hombres. Violaron brutalmente a nuestras mujeres y luego las asesinaron.

En total, masacraron a 1,200 israelíes ese día.

Quiero darles una idea de lo que esto significa para un país de 10 millones de habitantes. Proporcionalmente, equivale a 40 mil estadounidenses inocentes masacrados en menos de 24 horas. Eso es 16 veces el 11-S. Dieciséis 11 de septiembre que tuvieron lugar no muy lejos de aquí.

En aquel día, el más oscuro de todos, nuestros enemigos esperaban que nos derrumbáramos.

Pues bien, no nos derrumbamos. Al contrario, nos levantamos y luchamos como leones.

¡Durante los últimos tres años, nuestros heroicos soldados han luchado día tras día en una guerra en siete frentes!

¿Conocen a algún otro país del tamaño de Nueva Jersey capaz de librar una guerra en siete frentes? ¿Y durante tres años?

Siete frentes: Hamás, Hezbolá, los hutíes, Irán, las milicias en Irak, las milicias en Siria, los terroristas palestinos en Judea y Samaria. Todos se aliaron contra nosotros para borrarnos de la faz de la Tierra.

Fracasaron.

Porque, en lugar de derrumbarse, les asestamos golpes devastadores a todos ellos.

Junto con nuestros grandes amigos estadounidenses, aplastamos al ejército, la marina, la fuerza aérea y las instalaciones nucleares de Irán.

Israel machacó a Hamás. Aplastamos a Hezbolá.

¿Se recuerdan de los buscapersonas? Pues les diré una cosa: Hezbolá sin duda los recuerda.

¿Adivinan qué pasó con la mayor parte del vasto arsenal de Hezbolá, compuesto por 150 mil misiles balísticos y cohetes, todos apuntando a nuestros civiles?

Han desaparecido.

Los líderes de Hezbolá están muertos. Su espíritu, quebrantado.

Los architerroristas, los peores asesinos en masa de la Tierra, que no solo matan a israelíes, a estadounidenses, a británicos y a ciudadanos de docenas de países —Jameneí, Dief, Sinwar, Haniyeh y Nasrallah- y a miles de otros terroristas que intentaban destruirnos, también han desaparecido todos.

Los terroristas que quedan intentan desesperadamente reagruparse. Cada día intentan asesinar a nuestro pueblo.

Y, en particular, intentan asesinar a nuestro pueblo en nuestra patria histórica, en Judea. Por cierto, de ahí proviene la palabra “judío”. Judea: esa es nuestra tierra. Intentan asesinarnos, con miles de atentados al año contra familias, familias pacíficas que circulan por las carreteras. Disparan a mujeres embarazadas; disparan a familias enteras.

Por supuesto, nada de esto sale en la prensa internacional ni en las redes sociales. Nada de eso. Lo que sí cubren es a un puñado de delincuentes juveniles, unos 150, que lanzan piedras y talan olivos. De vez en cuando, prenden algunos incendios. No lo soporto. No voy a tolerar que nadie se tome la justicia por su mano. Somos un país de ley. Por eso les ponemos al Shin Bet encima. Pero eso es lo que ellos llaman “violencia de los colonos”. ¿Y el número de víctimas al año? Quizá dos o tres. En todo el tiempo que se ha debatido esto, quizá dos o tres muertos. En comparación con los miles de atentados terroristas contra los colonos pacíficos, gente honorable, gente respetuosa con la ley. Menuda distorsión. Es una obsesión. ¿Oigo este debate aquí? Los líderes de los países hablan en serio de eso. Y lo dicen con tanta solemnidad. “No podemos tolerar la violencia de los colonos”. No saben de qué están hablando.

Y escuchen, hace dos días… Se lo digo a mi colega Emmanuel Macron. Hace dos días, hace tres días, un ciudadano francés, Netanel Shukrun, padre de seis hijos, fue abatido a tiros cuando visitaba un manantial con su hijo de 16 años. Y un terrorista de Hamás en Judea y Samaria se acercó y le disparó a quemarropa. Y las últimas palabras que pronunció fueron: “Huye, huye, hijo. Sálvate”.

Eso fue hace tres días. Hace dos días, en Judea y Samaria, un oficial de la reserva, un soldado de la reserva, Neria Leiter, fue abatido por un terrorista palestino. Ahora lucha por su vida en un hospital de Jerusalén.

Visité a la familia justo antes de subir al avión para venir aquí.

Neria, padre de cuatro hijos, es hijo de Yechiel Leiter, nuestro brillante embajador en Estados Unidos.

Hace tres años, el hijo mayor de Yechiel, Moshe, padre de seis hijos, murió mientras desactivaba una trampa explosiva en un edificio de Gaza.

Yechiel, hermano mío, tu dolor es inconmensurable.

Todo el pueblo de Israel, y muchas personas fuera de Israel, rezan por la vida de Neria.

Pero a pesar del dolor, a pesar de la agonía, no nos rendimos.

En una publicación reciente, antes de ser atacado, Neria escribió lo siguiente: “No tenemos otro país. Es un privilegio defenderlo”.

A Neria, y a todos los héroes de Israel, les hago una promesa sagrada: su sacrificio no será en vano. Seguiremos defendiendo nuestro Estado. Seguiremos ganando. Porque no tenemos otra opción.

En esta batalla contra los bárbaros, no hemos tenido mejor aliado que el presidente Trump.

Le doy las gracias por su valiente liderazgo. Se enfrentó con valentía a un peligro enorme para Estados Unidos, Israel y el mundo.

Hace décadas, comprendió que, si no se les plantaba cara, los ayatolás fanáticos que corean “¡Muerte a Estados Unidos! ¡Muerte a Israel!” acabarían llevando a cabo sus locas fantasías.

Así que Israel y Estados Unidos actuaron juntos no solo para protegernos a nosotros mismos, sino para salvar la civilización.

Valientes pilotos estadounidenses, junto a valientes pilotos israelíes, volaron en misiones conjuntas sobre los cielos de Irán.

Estados Unidos e Israel también colaboraron para rescatar a los rehenes que aún quedaban.

Los trajimos de vuelta a todos y cada uno de ellos.

Se preguntarán: “¿Por qué estamos ganando?”.

Yoni lo expresó con sencillez. No tenemos otra opción.

A lo largo de esta larga guerra, nuestro objetivo nunca ha vacilado: ¡ganar!

Ganar con una determinación inquebrantable. Ganar con un valor implacable. Porque esto es Israel.

Una nación que lucha por un futuro.

Izquierda y derecha. Jóvenes y mayores. Religiosos y laicos.

¿Tenemos nuestras diferencias?

Por supuesto que sí. ¿Quién no las tiene?

Pero en los momentos críticos, esos momentos que forjan nuestro destino, nos mantenemos unidos, porque lo que nos une es mucho más fuerte: nuestra historia, nuestros valores, nuestro valor.

El valor de nuestro valiente pueblo, que resistió los 1,000 misiles balísticos masivos que Irán lanzó sobre nuestras ciudades, sobre nuestros civiles.

Señoras y señores, están aquí sentados, en el Salón de la Asamblea General de la ONU. ¿Saben lo que haría un misil balístico de una tonelada, solo uno, si impactara en este lugar? Arrasaría todo el recinto. De hecho, dos misiles de ese tipo arrasarían la ONU.

Así que pueden imaginárselo: piensen en mil misiles gigantescos cayendo del cielo sobre sus ciudades, sobre sus hogares.

Rindo homenaje al valor del pueblo de Israel. Rindo homenaje al valor de nuestros valientes soldados: judíos, cristianos, drusos y musulmanes. El ejército más moral del mundo, las Fuerzas de Defensa de Israel.

Durante tres años, han estado luchando valientemente en una guerra en siete frentes.

Pero hay un octavo frente en esta guerra. Es la guerra por la verdad.

Se libra en los medios de comunicación mundiales y, lo que es más pernicioso, en las redes sociales.

Varios países extranjeros han gastado miles de millones -cifras incalculables- para difundir mentiras sobre mi país.

El primero en hacerlo fue Catar.

Hace décadas, comenzó a financiar masivamente universidades estadounidenses y medios de comunicación tóxicos como Al Jazeera. Hicieron lo mismo en Europa, por cierto.

Su objetivo era claro: lavar el cerebro a las mentes jóvenes para que odien a Israel, odien a Estados Unidos y odien a Occidente.

Se trata del mismo Catar que da cobijo a los carniceros de Hamás del 7 de octubre.

El más reciente país en convertirse en un superdifusor de mentiras antisemitas es Turquía. (Recep Tayyip) Erdoğan es un tirano que también da cobijo a los jefes terroristas de Hamás.

Ha asesinado a miles de civiles kurdos. Niega el genocidio armenio. Encarcela a periodistas y líderes de la oposición. De hecho, creo que ostenta el récord mundial en esto, y eso es decir mucho. Pero creo que es el número uno.

Ocupa ilegalmente el norte de Chipre, un Estado miembro de la UE, y transgrede regularmente los límites de Grecia, miembro de la OTAN.

Ahora quiere apoderarse de Siria.

No es de extrañar, ya que pide la destrucción de Israel casi todos los días. Dice que va a ser el gobernante de Jerusalén.

No, señor. No lo será. Este es nuestro país, nuestra ciudad, nuestra capital eterna.

Los tiranos de todo el mundo tratan de amenazarnos; tratan de socavar nuestra determinación con su campaña de mentiras.

Pero, en última instancia, al igual que en el campo de batalla militar, el pueblo judío prevalecerá.

Llevará tiempo. Llevará tiempo acabar con las mentiras. Llevará tiempo que el mundo reconozca lo que es tan evidente. Que Hamás utilizó a civiles palestinos como escudos humanos. Que utilizó hospitales, escuelas y mezquitas como puestos de mando terroristas. Que robó gran parte de los alimentos que dejamos entrar en Gaza.

Mientras Hamás hacía todo lo posible por mantener a los civiles palestinos en zona de peligro, a menudo a punta de pistola, Israel hizo todo lo posible por sacarlos de allí.

Enviamos millones de mensajes de texto advirtiendo a los civiles que abandonaran las zonas de combate.

Hicimos millones de llamadas telefónicas.

Lanzamos millones de folletos.

Quiero hacerles algunas preguntas. ¿Qué régimen genocida administra un millón de vacunas contra la poliomielitis a la población enemiga? ¿Qué régimen genocida permite la distribución de dos millones de toneladas de alimentos en Gaza? Eso supone una tonelada por persona.

Acusar a Israel de genocidio es la mayor mentira del siglo.

Si quieren saber lo grande que es esta mentira, si quieren saber lo absurdo que es todo esto, escuchen al coronel John Spencer. Es jefe de Estudios de Guerra Urbana en West Point. Se le considera el mayor experto mundial en guerra urbana.

Creo que hoy está aquí con nosotros.

El coronel Spencer ha estudiado todas las guerras urbanas desde la Antigüedad hasta la época moderna, desde la antigua Grecia hasta Mosul y Gaza.

Esto es lo que dice el coronel Spencer: “Israel ha hecho más por evitar víctimas civiles en la guerra que cualquier otro ejército de la historia”.

Hemos tomado innumerables medidas para proteger a la población civil. ¿Es esto un genocidio? Por supuesto que no. Es todo lo contrario a un genocidio.

Así que a todos aquellos que difunden estas mentiras sobre mi país y sobre nuestros valientes soldados, ya estén sentados en esta sala o en el despacho del alcalde antisemita de la ciudad de Nueva York, les digo lo siguiente: deberían avergonzarse.

Debería darles vergüenza por tergiversar los hechos.

Debería darles vergüenza por invertir los papeles de víctima y agresor.

Debería darles vergüenza por escupir a la cara de la verdad.

Señor Mamdani, desde que fue elegido alcalde de esta ciudad, muchos judíos ya no se sienten seguros en Nueva York. Me lo cuentan. Me lo dicen. Esta no es la ciudad que recordamos. Ha cambiado muy rápidamente.

No es de extrañar.

Usted elogió a delincuentes condenados por apoyar a Hamás.

Considera amigos a personas como Hassan Piker, quien dijo que Estados Unidos se merecía el 11-S.

“Estados Unidos se merecía el 11-S”. Menudos amigos que tiene.

Invita a su casa a un periodista palestino que grabó a terroristas de Hamás golpeando y torturando a rehenes israelíes, y que más tarde admitió que se negó a publicar los vídeos para proteger -lo ha adivinado- ¡a los terroristas!

A su mujer le gustó una publicación que elogiaba la masacre del 7 de octubre.

Le gustó otra publicación que decía que Tel Aviv no debería existir.

Usted se negó a condenar nada de eso.

Acusa falsa y repetidamente a Israel de genocidio.

Señor Mamdani, intentó impedir que viniera aquí; intentó silenciarme. No puede silenciarme. No puede silenciar la verdad.

Y esta es la simple verdad.

Israel no cometió un genocidio. Israel evitó un genocidio.

Y eso es exactamente lo que nos habrían hecho los amigos de Hamás del señor Mamdani si no los hubiéramos detenido. Nos habrían matado hasta el último.

Las mentiras que usted y otros antisemitas difunden sobre los judíos y el Estado judío tienen consecuencias reales.

En Nueva York, los judíos son amenazados de camino a la sinagoga. Se ha apuñalado a judíos en las calles. Se demoniza a los judíos. Son blanco de ataques simplemente por ser judíos.

Se ha asesinado a judíos en Sídney, Mánchester, Montreal y Boulder (Colorado).

Han sido atacados en Los Ángeles, Londres, París, Berlín y Washington D. C.

os antisemitas del mundo quieren aterrorizar a nuestro pueblo.

Tengo noticias para ellos.

¡Los días en que los judíos eran víctimas indefensas conducidas al matadero han terminado!

Hoy tenemos un Estado. Hoy tenemos un ejército. Hoy tenemos un pueblo preparado y dispuesto a defenderse.

Así que hoy tengo un mensaje para los judíos de todo el mundo: levanten la cabeza bien en alto. Estén orgullosos. Tengan confianza. No se dejen intimidar. Levántense.

Y para todos los demás que quieran defender la verdad y la justicia, únanse a nosotros para plantar cara a los bárbaros que amenazan nuestra civilización común.

Pero tengo que ser sincero con ustedes. No todo el mundo está plantando cara. Lo hemos visto. Porque, a diferencia de Israel, hay algunos -y, más recientemente, sobre todo en Europa Occidental- que han optado por no plantar cara.

Los líderes de estos países han optado por sucumbir a las turbas antisemitas.

Han optado por la debilidad. Han optado por el apaciguamiento.

No podemos eludir la triste realidad que tenemos ante nosotros.

Muchos en el mundo libre tienen miedo de defender la libertad.

Les pregunto: ¿qué les deparará este futuro, qué les deparará este comportamiento, qué les deparará el mundo?

¿La hermandad de las democracias o los Hermanos Musulmanes?

¿Cuánto tiempo tardarán en darse cuenta de que estos yihadistas fanáticos están asfixiando sus vías navegables, su suministro energético, su sustento económico?

Puedo asegurarles, señoras y señores, que en Israel no esperamos a que otros despierten de su letargo moral.

Seguimos adelante. Nos hacemos con el futuro. Somos pioneros en avances increíbles en salud, agricultura, inteligencia artificial -“inteligencia superior”-. Y llevamos estas asombrosas innovaciones a toda la humanidad.

Israel nunca ha sido más fuerte.

Nosotros no tenemos miedo, pero les diré quiénes sí lo tienen.

Los tiranos de Teherán. Ellos.

¿Saben a qué le tienen más miedo? A su propio pueblo.

Al valiente pueblo iraní que ha sacrificado tanto durante tanto tiempo.

El régimen iraní teme especialmente cuando su pueblo tiene esto. Se trata de un dispositivo de comunicaciones, Starlink, que permite a las personas acceder a la verdad, ejercer su derecho a elegir y disfrutar de la libertad de pensamiento y de expresión.

Por eso el régimen iraní gasta miles de millones de dólares en censurar internet.

Señor presidente, le voy a dejar este dispositivo para que se lo entregue a la delegación iraní, de modo que, cuando inevitablemente deserten, ellos también puedan contar libremente su historia en las redes sociales.

A los manifestantes que están ahí fuera, a los delegados hipócritas que han abandonado esta sala, les pregunto:

¿Dónde estaban ustedes cuando los tiranos iraníes masacraron y mutilaron a decenas de miles de civiles iraníes desarmados? ¿Cuando masacraron y mutilaron a miles de sus propios ciudadanos? ¿Dónde estaban?

¿Organizaron manifestaciones masivas? ¿Huelgas de hambre?

¿Protestaron frente a la misión iraní ante la ONU?

¿Alzaron la voz, por cierto, en defensa de los cristianos perseguidos en Irán y en todo Medio Oriente?

No, no lo hicieron. Porque son falsos defensores de los derechos humanos.

En cuanto a los cristianos, saben que su número está cayendo en picada en todo Oriente Medio, donde son perseguidos y acosados, excepto en un lugar: mi país, Israel, donde la comunidad cristiana está creciendo, prosperando y triunfando.

De hecho, no protestaron cuando nos marchamos de Belén. Cuando estaba bajo nuestro control, era un 80-90 % cristiana, y se la entregamos a la Autoridad Palestina. Y hoy es un 80-90 % musulmana. A todos los cristianos los echaron a la fuerza. ¿Protestaron por eso? ¿Hablaron de eso? Nada. Nada de nada.

Y no dijeron nada sobre Irán hace un momento. No han dicho nada sobre Irán.

Pero quiero darles la buena noticia.

A pesar de su silencio, a pesar de su hipocresía, es solo cuestión de tiempo para que en Irán ocurra algo increíble. El poder del pueblo vencerá a quienes están en el poder.

Quiero que escuchen mis palabras con atención: un día, y puede que no esté muy lejos, el pueblo iraní será libre. Su régimen asesino será derrocado por sus mentiras, por su corrupción, por su crueldad.

Este régimen malvado caerá, y todos celebraremos ese día.

Señoras y señores, la historia de mi pueblo, el pueblo judío, se remonta a más de 3 mil años.

Hoy hablamos el mismo idioma que hablábamos entonces.

Vivimos en la misma tierra en la que vivieron nuestros antepasados: David, Salomón, Isaías y Jeremías. Esa es nuestra tierra. La tierra de Israel.

Nuestros profetas, nuestro propósito y nuestro pueblo son únicos en la historia.

Nuestros valores han inspirado a la humanidad durante milenios.

La fe en un solo Dios. La santidad de la vida. El Estado de derecho. Nuestra eterna búsqueda de la paz. Nuestra eterna búsqueda de la justicia.

Son estos valores sagrados los que nos han impulsado a lo largo de los siglos. Son estos valores sagrados los que nos han ayudado a superar las adversidades de la historia.

El gran escritor estadounidense Mark Twain lo expresó a la perfección hace 125 años. Lo dijo mucho antes del renacimiento del Estado judío moderno, mucho antes de las grandes victorias de los soldados de Israel.

Esto es lo que dijo: “El judío ha librado una lucha maravillosa en este mundo, a lo largo de todas las épocas, y lo ha hecho con las manos atadas a la espalda… Los egipcios, los babilonios y los persas se alzaron, llenaron el planeta de ruido y esplendor, y luego se desvanecieron hasta convertirse en materia de sueños y desaparecieron… Otros pueblos han surgido y han mantenido en alto su antorcha durante un tiempo, pero esta se apagó, y ahora se encuentran en la penumbra… El judío los vio a todos, los venció a todos, y ahora es lo que siempre fue, sin mostrar decadencia, sin debilidades propias de la vejez, sin debilitamiento de su espíritu, sin que sus energías se ralenticen…".

Señoras y señores, a lo largo de los siglos, las tiranías que intentaron destruirnos fracasaron una y otra vez.

Si Dios quiere, seguirán fracasando.

Si reunimos nuestro valor, si afianzamos nuestra determinación, seguiremos venciendo.

Como dice la Biblia, “netzach Yisrael lo yeshaker”, la eternidad de Israel no vacilará.

Y la razón es sencilla.

No tenemos otra opción.

Gracias a todos.

Chag Sameach le’Am Yisrael.