Legisladores de EE. UU. están presionando a la administración Trump para que apoye un enlace eléctrico de alto voltaje proyectado que conectará las redes de electricidad de Israel, Chipre y Grecia.
Liderados por los representantes Brad Schneider (demócrata por Illinois) y Gus Bilirakis (republicano por Florida), un grupo bipartidista de miembros de la Cámara de Representantes instó el martes al secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, y al director ejecutivo de la Corporación Financiera de Desarrollo Internacional de EE. UU., Benjamin Black, a respaldar el “Great Sea Interconnector”.
El cable submarino proyectado recorrería unas 751 millas a través del mar Mediterráneo, conectando Israel y Chipre y, posteriormente, Chipre y Grecia. Se estima que el proyecto costará más de 2 billones de dólares. La Unión Europea lo considera un proyecto de interés común y ha destinado 657 millones de euros en financiación.
En una carta enviada a Rubio y Black, los legisladores señalaron que el proyecto fortalecería las alianzas de EE. UU. en el Mediterráneo y ayudaría a consolidar la región como un portal estratégico entre India, Medio Oriente y Europa.
“El Mediterráneo oriental está emergiendo como un centro neurálgico para la energía y las infraestructuras que conectan Europa, Medio Oriente e India”, escribieron los legisladores, solicitando una sesión informativa para abordar el proyecto.
“Estados Unidos tiene un interés claro en garantizar que esta transformación fortalezca a nuestros socios, diversifique las rutas energéticas, profundice la integración regional y promueva una alternativa transparente a la infraestructura dominada por competidores estratégicos”, añadieron.
La carta también lleva la firma de los representantes Jake Auchincloss (demócrata por Massachusetts), Dan Goldman (demócrata por Nueva York), Craig Goldman (republicano por Texas) y Haley Stevens (demócrata por Míchigan).
El Great Sea Interconnector tiene como objetivo poner fin al aislamiento de Chipre respecto a la red eléctrica europea y permitir que los tres países compartan electricidad, incluida la energía procedente de fuentes renovables. Aunque el proyecto ha enfrentado retrasos y dudas sobre su viabilidad económica, la Comisión Europea lo sigue calificando como estratégicamente importante.