Más de 40 países boicotearon el lunes un acto de la ONU por los 25 años de la Conferencia de Durban de 2001, marcada por su carácter antiisraelí.
Según la delegación israelí ante las Naciones Unidas, se trata de un nuevo récord, que supera el máximo anterior de 38 países que no asistieron al acto en 2021.
El boicot se produjo tras una campaña diplomática impulsada por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel, que alentó a países de todo el mundo a no participar.
Para Danny Danon, embajador de Israel ante el organismo, el aniversario debería servir para recordar lo que ocurre cuando se politiza la lucha contra el racismo.
“La lección de Durban es que una causa noble puede perder toda su credibilidad cuando la secuestran el odio y las agendas políticas. La lucha contra el racismo nunca debe convertirse en un vehículo para el antisemitismo ni para señalar al Estado judío”, le dijo Danon a JNS.
“Veinticinco años después, el creciente número de países que boicotean el acto demuestra que muchos miembros de la comunidad internacional entienden en qué se equivocó Durban”, afirmó.
Por otra parte, Danon indicó que ahora “las Naciones Unidas deben demostrar que también lo entienden” y que eso “significa enfrentar el antisemitismo con la misma seriedad que cualquier otra forma de racismo, en lugar de darle una plataforma y llamarlo derechos humanos”.
La Conferencia Mundial contra el Racismo de 2001 se celebró en Durban, Sudáfrica, bajo los auspicios de la ONU. Su objetivo era abordar el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia.
Sin embargo, recibió críticas de Israel, Estados Unidos y organizaciones judías por la retórica antisemita y antiisraelí de un foro paralelo de organizaciones no gubernamentales.
Un informe del Departamento de Estado de EE. UU. al Congreso calificó de “generalizada” la retórica antiisraelí en la conferencia. El informe citó al entonces viceministro de Relaciones Exteriores de Sudáfrica, Aziz Pahad, quien reconoció que el foro había sido “secuestrado” por participantes con una agenda antiisraelí y convertido en un evento antisemita.
El entonces secretario de Estado de EE. UU., Colin Powell, anunció el 3 de septiembre de 2001 que Estados Unidos se retiraba de la conferencia. Según explicó, sus declaraciones contenían “lenguaje de odio”, revivían la desacreditada fórmula de que “el sionismo es racismo”, sugerían que en Israel existía un apartheid y señalaban a Israel para condenarlo.
Evan R. Bernstein, director ejecutivo de B’nai B’rith International, que envió una gran delegación a la conferencia de 2001, dijo el lunes a JNS que los representantes de la organización vieron de primera mano “cómo una conferencia de las Naciones Unidas destinada a combatir el racismo se convirtió en una plataforma para el mismo odio que debía enfrentar”.
“El legado de Durban son 25 años de legitimación de la demonización de Israel y del pueblo judío, y el boicot récord muestra que gran parte del mundo finalmente se niega a celebrarlo”, sostuvo Bernstein.
Según el líder de B’nai B’rith, el legado de la conferencia sigue influyendo en cómo se percibe a Israel y a los judíos en el mundo.
“Ese es el verdadero legado de Durban. No hizo avanzar la lucha contra el racismo. En cambio, dio cobertura internacional a la demonización moderna de Israel y del pueblo judío”, le dijo a JNS.
Un portavoz del Comité Judío Estadounidense (AJC) también criticó la conmemoración de la ONU.
“En un momento en que los incidentes antisemitas alcanzan niveles récord y la retórica antisionista está provocando una violencia terrible contra los judíos, el mundo no puede permitirse ver repetida una vez más la toxicidad de la conferencia de Durban”, señaló la organización a JNS.
“El AJC seguirá insistiendo ante los gobiernos en que no deben tolerar un enfoque de la movilización global contra el racismo que, una y otra vez, ha servido de pretexto a actores malintencionados para demonizar y deslegitimar a Israel, y para incitar y legitimar el odio y la violencia contra los judíos”, afirmó el portavoz.