Al anunciar la semana pasada sanciones contra los israelíes de Judea y Samaria (la “Cisjordania”), el ministro de Asuntos Exteriores británico, Ed Miliband, acusó a Israel de “ocupar ilegalmente” territorio palestino en Judea y Samaria, de llevar a cabo una “limpieza étnica” contra los palestinos en los territorios en disputa y de tomar medidas para impedir una solución de dos Estados.
Por muy moralista e indignado que Miliband intentara parecer, sus acusaciones contra Israel sonaban a falso: no hacían más que repetir falsedades desmentidas hace tiempo.
La acusación de ocupación ilegal es falsa según el derecho internacional. Los palestinos nunca han controlado ningún territorio que pudiera ser “ocupado”, ni la presencia de Israel es ilegal en modo alguno.
La segunda acusación también es falsa, a menos que se considere “limpieza étnica” el desalojo de ocupantes ilegales y la demolición de construcciones no autorizadas en terrenos públicos. Irónicamente, Miliband no hace mención alguna de la verdadera limpieza étnica que se lleva a cabo en los territorios mediante las leyes de la Autoridad Palestina, que prohíben a los judíos poseer propiedades en tierras ancestrales judías controladas por la Autoridad Palestina.
Miliband redobla su traición al sumarse a la Autoridad Palestina para declarar que Israel y unos medio millón de judíos israelíes son personas non gratas en su propia tierra, abogando así por su propia forma de limpieza étnica.
Por último, miente cuando culpa a Israel de bloquear la creación de un Estado palestino que, supuestamente, conviviría en armonía con el Estado judío. De hecho, los árabes palestinos llevan 78 años rechazando obstinadamente numerosas y generosas ofertas para formar su propio Estado limítrofe con Israel. Es dudoso que, incluso hoy en día, Miliband pueda presentar a un solo líder palestino que apoye su fantasía de dos Estados.
Aunque la dura postura de Miliband contra Israel se ha calificado como estratagema para ganar votos, es probable que consiga prohibir los productos procedentes de los territorios controlados por Israel en las zonas en disputa. Sin embargo, está claro que dar un tirón de orejas a Israel no reportará ningún beneficio a los palestinos, ni es probable que influya en el comportamiento de Israel.
En resumen, las quejas de Miliband son ingenuas y poco profesionales: Israel lleva décadas lidiando a diario con la intransigencia y los asesinatos palestinos. Los israelíes saben que, aunque Miliband dejará el poder muy pronto, el trabajo sucio y ingrato de pacificar a los palestinos beligerantes seguirá recayendo sobre ellos.
No existe ninguna ‘ocupación’
Según el derecho internacional, existe ocupación cuando un país se apodera del territorio de otro país. Pero Judea y Samaria nunca formaron parte legalmente de otro país, ni los árabes palestinos ejercieron jamás soberanía sobre ellas. Más bien, aunque el territorio fue asignado a un Estado judío en virtud del Mandato Británico de Palestina de 1922, fue usurpado ilegalmente por Jordania durante la Guerra Árabe-Israelí de 1948.
Posteriormente, Jordania anexionó el territorio —una medida rechazada casi unánimemente por la comunidad internacional, aunque nadie sugirió que Jordania “ocupara ilegalmente” Palestina—. No fue hasta que Israel arrebató a Jordania el control de Judea y Samaria tras la Guerra de los Seis Días de 1967 cuando el mundo de repente gritó “ocupación”.
Israel es, sin lugar a dudas, la potencia soberana legítima en Judea y Samaria. Según el derecho internacional, un nuevo país hereda las fronteras de la entidad precedente. Dado que Israel se estableció dentro de las fronteras del Mandato Británico, es el heredero legítimo de esta tierra, incluidas Judea y Samaria.
El derecho internacional también sostiene que una ocupación deja de existir una vez que la potencia ocupante celebra un acuerdo de paz con el país al que le arrebató el territorio. Israel celebró un acuerdo de paz con Jordania en 1994. Este acuerdo eliminó legalmente cualquier duda sobre la “ocupación” de Judea y Samaria por parte de Israel. En cuanto a los palestinos, nunca constituyeron una entidad política, ni tenían reclamaciones legales en este conflicto.
No existe ninguna ‘limpieza étnica’
Miliband se refirió a las “casas palestinas arrasadas”, las “carreteras e infraestructuras públicas destruidas” y las “familias desplazadas de sus hogares” en Judea y Samaria como pruebas de una limpieza étnica. A decir verdad, Israel simplemente hace cumplir sus propias normas de construcción, que se aplican tanto a los judíos como a los 300 mil árabes palestinos que viven en la Zona C, bajo pleno control israelí según los Acuerdos de Oslo. Esto no es limpieza étnica. Es el cumplimiento de la ley.
Miliband ignora hipócritamente el hecho de que a los judíos se les prohíbe de hecho vivir en las Zonas A y B, bajo control total o parcial de la Autoridad Palestina. De hecho, la legislación de la Autoridad Palestina prohíbe expresamente la venta de terrenos a judíos. Peor aún, Miliband quiere que se expulse a medio millón de judíos de Judea y Samaria para hacer posible la creación de un Estado palestino. Eso sí que es limpieza étnica. Dos millones de árabes viven en Israel, pero al parecer ningún judío puede vivir en la antigua patria judía.
Miliband debería recordar que Israel ya probó el enfoque que él defiende. En 2005, retiró a todos sus soldados y colonos de la Franja de Gaza. En lugar de paz, Israel sufrió la masacre del 7 de octubre: la peor matanza masiva de judíos desde el Holocausto.
Israel nunca ha obstaculizado la creación de un Estado palestino
La Sociedad de Naciones, las Naciones Unidas e Israel (con la ayuda de Estados Unidos) han ofrecido a los palestinos la creación de un Estado en numerosas ocasiones: en 1937, 1947, 2000, 2001, 2008 y 2020. Pero siempre lo han rechazado, porque no pueden aceptar que un Estado palestino musulmán conviva en paz junto a uno judío. Sin embargo, Miliband no critica en absoluto a los palestinos por su obstruccionismo.
De hecho, ni un solo líder palestino destacado apoya genuinamente la fórmula de “dos Estados para dos pueblos”. A lo sumo, líderes palestinos “moderados” como el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás, a veces se declaran a favor de boquilla de la solución de dos Estados, pero siguen exigiendo el “derecho al retorno”, lo que permitiría que unos 5 millones de descendientes de refugiados palestinos inundaran demográficamente Israel.
Las sanciones no beneficiarán a los palestinos ni cambiarán la política israelí
En realidad, las sanciones podrían perjudicar a los palestinos, ya que miles de ellos trabajan en comunidades israelíes de Judea y Samaria. Si las sanciones dañan su economía, sus puestos de trabajo se verían amenazados.
Sin embargo, es probable que las nuevas sanciones anunciadas por Miliband no tengan gran repercusión, ya que, tras décadas de boicots, las comunidades israelíes de Judea y Samaria siguen resistiendo y creciendo.
Además, las encuestas muestran que los judíos de Israel apoyan firmemente a las comunidades israelíes en estos territorios. De hecho, el pasado mes de marzo, el Índice de la Sociedad Israelí del JPPI reveló que el 48 % de los judíos israelíes apoya la expansión de las comunidades israelíes en Judea y Samaria. Además, el mes pasado, el 55 % de los judíos israelíes encuestados afirmó que todas las comunidades judías de Judea y Samaria deberían permanecer bajo soberanía israelí en cualquier acuerdo futuro.
Miliband calumnia a Israel con acusaciones de ocupación y limpieza étnica, pero promueve la limpieza étnica de los judíos de su patria ancestral. Esto lo convierte en un cómplice y un hipócrita, pero, sobre todo, en un traidor.
Publicado originalmente en Facts and Logic About the Middle East (FLAME).