La guerra contra los judíos en Judea y Samaria

La “violencia de los colonos” es un bulo maliciosamente tergiversado.

American photojournalist Heidi Levine receives medical treatment at a hospital in Ramallah after being injured in an attack by extremist Jewish settlers during the annual olive harvest in the village of Abu Falah near Ramallah, Oct. 16, 2026. Photo by Flash90.
La fotoperiodista estadounidense Heidi Levine recibe atención médica en un hospital de Ramala tras resultar herida en un ataque perpetrado por colonos judíos extremistas durante la cosecha anual de aceitunas en la localidad de Abu Falah, cerca de Ramala, el 16 de octubre de 2026. Crédito: Flash90.
Melanie Phillips, periodista, locutora y autora británica, escribe una columna semanal para JNS. Actualmente columnista de The Times de Londres, su nuevo libro, Fighting the Hate: A Handbook for Jews Under Siege, acaba de ser publicado por Wicked Son. Su libro anterior, The Builder’s Stone: How Jews and Christians Built the West and Why Only They Can Save It, se publicó en 2025. Puedes acceder a su obra en: melaniephillips.substack.com.

La complejidad de la “violencia de los colonos” quedó dramáticamente ilustrada durante la semana pasada.

La fotoperiodista del Washington Post Heidi Levine resultó herida el 16 de octubre durante un violento enfrentamiento entre residentes judíos y árabes locales cerca de Ramala.

Según se informó, decenas de colonos israelíes enmascarados habían atacado a árabes locales que recogían sus aceitunas; durante el incidente, los colonos tiraron a Levine al suelo, le propinaron patadas repetidas y le arrebataron la cámara y el teléfono.

Al día siguiente, una delegación europea visitó la zona cercana a la localidad árabe de Taybeh sin coordinar el viaje con antelación con las Fuerzas de Defensa de Israel, tal y como se exige. Al parecer, los diplomáticos fueron atacados por colonos judíos enmascarados.

Estos incidentes han atraído la atención de los medios de comunicación de todo el mundo y han suscitado condenas políticas.

El domingo, un grupo de influencers de las redes sociales y otras personas que recorrían estas zonas de Judea y Samaria, en “Cisjordania”, fueron atacados cerca de la aldea de Turnus Ayaa cuando unos árabes lanzaron piedras contra sus vehículos.

El ataque quedó grabado en vídeo. Una de las integrantes del grupo, la exvicealcaldesa de Jerusalén Fleur Hassan-Nahoum —que se presenta por el partido “El Pueblo de Israel” en las elecciones generales israelíes del 27 de octubre—, fue grabada hablando con otros ocupantes de su coche cuando una piedra rompió la ventanilla e hirió levemente a una mujer que iba sentada en la parte trasera.

En el momento de redactar esta noticia, ningún medio occidental ha informado de este ataque.

El presidente de Israel, Isaac Herzog, pidió disculpas a Levine. La oficina del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, sin embargo, afirmó que los hechos de ese incidente “siguen sin estar claros y están siendo investigados”, y señaló que, según algunos informes, unos 200 árabes y activistas de extrema izquierda se habían enfrentado a aproximadamente 40 jóvenes israelíes. “Las imágenes muestran a individuos enmascarados de ambos bandos lanzando objetos, en medio de informes que indican que se dispararon fuegos artificiales contra jóvenes judíos”, afirmó.

Levine, sin embargo, denunció a sus agresores como “terroristas judíos” y “ni siquiera seres humanos”. ¿Despojaría ella a cualquier otro grupo de su propia humanidad?

En cuanto a los europeos, el Canal 14 de la televisión israelí informó de las denuncias de residentes judíos locales de que los diplomáticos habían montado o simulado el incidente. Posteriormente, los diplomáticos se negaron a cooperar con la investigación israelí, sin proporcionar, tal y como se les había solicitado, declaraciones detalladas de testigos ni grabaciones de vídeo.

Sin embargo, los medios de comunicación occidentales han optado por no informar de las dudas planteadas sobre estos supuestos “ataques de colonos” contra árabes y otras personas, al tiempo que también omiten informar del ataque filmado perpetrado por árabes.

Incluso si las afirmaciones de Levine y de los diplomáticos fueran ciertas, la cobertura informativa sobre esta cuestión de la “violencia de los colonos” está sesgada de forma malintencionada.

Nadie niega que haya un problema, pero es muy pequeño. Hay unos 500 mil residentes judíos en Judea y Samaria. Las estimaciones sobre el número de jóvenes gamberros que llevan a cabo ataques no provocados contra árabes oscilan entre 95 y 300 jóvenes.

La gran mayoría de los “colonos” son ciudadanos respetuosos con la ley. Y son objeto de constantes ataques por parte de los árabes locales.

Casi a diario se denuncian en las redes sociales decenas de estos ataques —algunos claramente provocados y grabados por activistas extranjeros e israelíes—.

El lunes, diez árabes y activistas israelíes de extrema izquierda tendieron una emboscada a un residente judío que circulaba en un ATV por un camino de tierra y le lanzaron piedras. Cuando se bajó del vehículo, los agresores intentaron atropellarlo con un tractor.

El martes, unos 15 activistas israelíes, fotógrafos y árabes bloquearon las carreteras de seguridad con piedras y cantos rodados.

El miércoles por la noche se produjeron al menos dos ataques de árabes que lanzaron piedras contra coches israelíes. El jueves, árabes y activistas israelíes armados con palos lanzaron piedras contra pastores judíos.

El pasado Shabat, la sala de situación de Judea y Samaria informó de múltiples ataques. Cuando un residente judío salió a correr, unos árabes intentaron atropellarlo con su vehículo.

Se denunciaron dos ataques con cócteles Molotov y uno con bombas de tubo. Se robaron ovejas (algo habitual) de una granja judía. Pastores judíos resultaron heridos por disparos árabes; se disparó contra otros dos residentes judíos; y hubo otro intento de ataque contra judíos con armas de fuego y palos.

Ese mismo día, un residente judío informó en X de que unos árabes comenzaron a lanzar piedras contra un pastor judío mientras activistas anarquistas a su lado documentaban el incidente.

“El pastor pidió ayuda a las fuerzas de las FDI, pero estas también fueron atacadas”, escribió. “En las imágenes del suceso se ve a árabes enmascarados lanzando piedras a los soldados y al pastor, entre los que se divisan anarquistas que ignoran la violencia árabe y esperan con sus cámaras el momento oportuno para capturar una imagen sesgada y parcial”.

Cada año, la cosecha de aceitunas atrae a activistas para “ayudar a los palestinos a recoger sus aceitunas”, y cada año se producen enfrentamientos.

Naomi Linder Kahn, directora de la división internacional del grupo de vigilancia de Judea y Samaria Regavim, afirma que algunos grupos financiados desde el extranjero utilizan la cosecha de aceitunas para provocar enfrentamientos. “No les dan a los activistas cubos para recoger aceitunas”, dijo. “Lo que les dan son cámaras de vídeo, y les imparten clases sobre redes sociales y… cómo provocar un enfrentamiento, cómo presentarse cuando intentas entrar en Israel, para tergiversar el motivo de tu visita y el lugar al que te diriges”.

Brad Lander, el candidato demócrata a un escaño en el Congreso por Nueva York, formaba parte de un grupo de unos 80 estadounidenses y otras personas que fueron retenidas durante varias horas por las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) esta semana, después de que el grupo llegara “a recolectar aceitunas” junto a agricultores árabes sin solicitar permiso a las autoridades israelíes. “La parcela en cuestión solo requiere un pequeño número de recolectores para recoger su producción”, explicó un oficial militar israelí a JNS. “Las fuerzas de seguridad consideran que la llegada de docenas de activistas es un acto destinado exclusivamente a provocar, lo que socava el proceso de recolección”.

Lander es judío, pero no es amigo de Israel. Ha acusado al país de “genocidio” y ha calificado la ocupación israelí de Cisjordania de “delito según el derecho internacional”. Estas afirmaciones son mentiras diseñadas para demonizar y deslegitimar al Estado judío ante los ojos del mundo.

A principios de esta semana, Lander afirmó que estaba de visita para ayudar a los agricultores árabes a recolectar aceitunas “frente al terrorismo de los colonos sancionado por el Estado” y para “arrojar luz sobre la realidad de la ocupación”. Si alguien cree que este grupo no estaba allí para provocar problemas a los israelíes, tengo un puente que venderle.

Es difícil averiguar qué ocurre realmente en muchos de estos incidentes, por lo que es necesario mantener una mente abierta. Es cierto que existe un problema de ataques judíos contra árabes que no se han detenido; son vergonzosos, y los israelíes deben ponerles fin.

Pero no puede haber justificación alguna para que los medios de comunicación y los políticos occidentales no reconozcan esta guerra terrorista árabe que se libra contra los residentes judíos en Judea y Samaria. Una cobertura tan radicalmente sesgada ha convertido a medio millón de judíos, en su inmensa mayoría honrados y asediados, en enemigos de la humanidad —tal y como se ha tratado a Israel en su guerra contra Irán.

Sin embargo, además de no abordar adecuadamente el problema de los “jóvenes de las colinas” delincuentes o de los provocadores, los propios israelíes casi nunca mencionan esta embestida árabe en Judea y Samaria.

Hay varias razones posibles para ello. En primer lugar, el grado de veracidad de las denuncias de “violencia de los colonos” los pone a la defensiva.

En segundo lugar, se ven sometidos a una enorme presión por parte de la Administración Trump a este respecto y no quieren irritarla aún más sacando a relucir la incómoda complejidad de la victimización judía.

En tercer lugar, entre los altos mandos israelíes hay quienes, incluso ahora, anhelan una “solución de dos Estados” y consideran a los colonos como un obstáculo.

Por último, pero no por ello menos importante, los israelíes quieren restar importancia a esta cuestión como si no tuviera consecuencias reales. Como siempre, descartan a la opinión pública occidental por considerarla irremediablemente hostil hacia el pueblo judío y, por lo tanto, piensan de forma miope que intentar apaciguarla es una pérdida de tiempo.

Creen que tienen asuntos más urgentes que abordar, incluidas las renovadas amenazas procedentes de Irán, Gaza y el Líbano. También temen que los árabes de Judea y Samaria, junto con las fuerzas de la Autoridad Palestina, compuestas por 60 mil hombres armados, estén tramando una tercera intifada, aún más terrible.

Si esa temible amenaza llegara a materializarse, la combinación de la malicia occidental hacia los “colonos” y la negligencia de Israel a la hora de presentarse ante el mundo significaría que, una vez más, se culparía a los judíos de Israel de su propia destrucción.